Una mirada al mundo de las adicciones
Las adicciones están en aumento tanto en el consumo de sustancias peligrosas como en la variedad de drogas disponibles. El abordaje estatal para combatir el narcotráfico y la inseguridad asociada es considerado insuficiente y poco efectivo.
El Día Mundial de las Adicciones se conmemora cada 26 de junio bajo el nombre oficial de Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas. Esta fecha fue establecida por Naciones Unidas para reforzar la acción global hacia una sociedad libre de drogas. Entre sus objetivos principales están educar a la población sobre los riesgos asociados al consumo y el tráfico ilegal, y promover el desarrollo de hábitos saludables y la gestión emocional desde temprana edad.
Existen múltiples instituciones que trabajan en el tema —iglesias católicas, evangélicas, fundaciones y organizaciones sociales— pero lo hacen de manera aislada, lo que fragmenta los esfuerzos y reduce el impacto.
Jorge Achor, delegado episcopal de adicciones, y, además, referente de la Fundación Lázaro –también conocida como Casa Lázaro– de Paraná, destacó la necesidad de un trabajo articulado y comunitario, dado que la dispersión de acciones debilita la respuesta al problema.
Factores que favorecen el consumo
El consumo de drogas suele estar motivado por la falta de esperanza, la ausencia de un proyecto de vida y la presión de problemas personales sin herramientas para afrontarlos, explicó Achor durante una entrevista con el programa Malos Perdedores, que conducen Exequiel Flesler, Analía Winkelmann e Ignacio Koonrstra por Radio Costa Paraná (88.1), y agregó que el vacío existencial y la carencia de sentido o pertenencia son factores también determinantes.
En contextos de crisis social, educativa y económica, agregó, la capacidad de elección libre y responsable se ve limitada, especialmente en los jóvenes. La falta de oportunidades y la desintegración del tejido social aumentan la vulnerabilidad al consumo.
Impacto en la familia y la sociedad
El pedido más frecuente que reciben las instituciones es la solicitud de ayuda para familiares con problemas de adicción.
Las familias, remarcó el referente de Fundación Lázaro, suelen estar desbordadas y carecen de recursos y herramientas para enfrentar la situación, sintiéndose desamparadas ante la falta de respuestas inmediatas y efectivas del sistema. En muchos casos, los centros de asistencia son arancelados, lo que excluye a quienes no pueden costear tratamientos. La problemática de adicciones suele estar acompañada de trastornos de salud mental, lo que complejiza aún más la atención y el abordaje, especialmente cuando los sistemas de salud mental no ofrecen alternativas de internación o seguimiento adecuados.
Enfoque terapéutico y comunitario
Las instituciones como la Fundación Lázaro ofrecen acompañamiento, sostenimiento y oportunidades para que las personas desarrollen oficios y proyectos productivos, como la panadería, que cumplen una función terapéutica y de reinserción social.
El trabajo se orienta “a potenciar la voluntad y la autoestima de quienes atraviesan procesos de recuperación, brindando herramientas para que puedan subsistir y encontrar sentido en su vida cotidiana”, señaló Achor.
Cuando existen patologías severas de salud mental, sin embargo, se requiere la intervención de servicios especializados, que muchas veces no están disponibles o no cuentan con los recursos necesarios.
En este marco, la reconstrucción de lazos comunitarios es fundamental para la prevención y el tratamiento de las adicciones. La familia, los clubes, las fundaciones y otras organizaciones cumplen “un rol esencial en la contención y el acompañamiento” porque “la tendencia actual hacia el individualismo y el aislamiento social debilita estos lazos, incrementando la vulnerabilidad de las personas”.
Achor subrayó la responsabilidad del Estado, entendido como la comunidad organizada, en garantizar la seguridad, la prevención y el control del narcotráfico.
Propuso, en este sentido, la implementación de medidas de emergencia, como la presencia policial en puntos de venta conocidos, para frenar la comercialización de drogas en los barrios.
Desafíos
El desafío principal, enfatizó, es articular el trabajo entre instituciones, Estado y comunidad para lograr una respuesta integral y sostenida. “Es necesario fortalecer la educación, generar proyectos de vida atractivos para los jóvenes y ofrecer alternativas reales de inclusión social y laboral. Se debe reconocer la adicción como un problema de salud mental que requiere abordajes interdisciplinarios y recursos adecuados. La prevención debe centrarse en la reconstrucción del sentido de pertenencia, la esperanza y la promoción de valores comunitarios”, añadió.
Jorge Achor, referente de la Fundación Lázaro de Paraná.