Selva Almada explicó para qué sirven los libros
Este jueves dio comienzo la 13ª edición de la Feria del Libro Paraná Lee, bajo el lema “Infinidad – Orillas – Ilusión”, que se extenderá hasta el domingo en la Sala Mayo. La escritora elisense Selva Almada participó de una charla, y durante una entrevista con En El Dos Mil También, por Radio Costa Paraná, habló de la novela que está terminando, contó su experiencia como librera, y explicó qué aprendió de los libros.
“Para nosotros es un evento muy importante que tiene la centralidad de todos los esfuerzos municipales. Si bien hay muchas empresas, compañías que apoyan, es todo hecho a pulmón y hay que destacar el trabajo de los empleados municipales”, indicó el jefe de Gabinete, Santiago Halle, en referencia a la apertura de una nueva edición de la Feria del Libro.
“Van a ser tres días intensos, de mucho disfrute; porque los libros son para ser disfrutados, son para ser gozados”, agregó.
La coordinadora de la Editorial Municipal, Marcela Pautaso, por su parte, destacó que “la Feria del Libro de la ciudad de Paraná es la feria más importante del Litoral y estamos muy orgullosos de que así sea”.
Radio Costa Paraná (88.1), en este marco, diagramó una programación especial con transmisiones en directo desde la Sala Mayo, y así pasaron por sus micrófonos los principales protagonistas de este encuentro de la cultura y la sociedad paranaense.
Selva Almada, la galardonada escritora elisense, orgullo de Entre Ríos, durante una entrevista con el programa Malos Perdedores, que conducen Antonio Tardelli, Sebastián Martínez y Juan Cruz Varela, dijo que estar en Paraná “al lado del río” lo disfruta mucho porque “viví 10 años acá, en los ‘90, y para mí el río Paraná es el río, y es un lugar al que le tengo muchísimo cariño”.
– ¿Cómo te fue en la charla hace un ratito?
– Muy bien. Cuando me dijeron, va tu charla a las tres de la tarde, dije, no va a ir nadie. Y no, por suerte, la gente vino, se llenó la carpa y fue una conversación muy linda con Ferny (Kosiac), que nos conocemos desde hace muchos años.
– ¿Me parece a mí o hace un tiempito que no publicás nada?
– No te parece. Es así. El último libro fue “No es un río”, en 2020.
– ¿Por qué han pasado cuatro años y no tenemos nada nuevo?
– Bueno, porque recién ahora estoy terminando una novela que probablemente salga el año que viene.
Igual sí salió un libro, que no es solamente mío, porque lo escribimos entre cinco, que se llama “Laiseca, el Maestro”. Es un libro que hicimos con otros cuatro amigos –nos hicimos amigos en su taller–, y escribimos esta biografía bastante particular de Laiseca, y la vamos a presentar el sábado a las siete de la tarde acá en Paraná Lee, y después se va a pasar un documental que se llama “Lai”, que también es del taller de Laiseca.
– ¿Sirven esos talleres? ¿Cómo te sirvió ese en particular?
– A mí me sirvió muchísimo, pero también porque Lai era un maestro muy particular. El tipo de maestro que era Laiseca, no sé si hay otros, u otras. Para mí fue muy importante.
Yo estuve quince años con él en el taller. Empecé con él en su casa –tenía un grupo en su casa–, y después estuvimos quince años juntos haciendo el taller con él, y, obviamente, en todos esos años se formó una amistad, una relación muy cercana, de mucho cariño.
La librería en Almagro
Almada, en otro orden, recordó que “a fines de 2020 armamos con unas amigas una librería, que en ese momento era virtual, y hace tres años tenemos un espacio en el barrio de Almagro donde está la librería, pero donde también hay talleres, de presentaciones de libros, de lecturas. Y ese proyecto, que empezó siendo solamente una librería, fue creciendo y se convirtió en un proyecto de difusión y de promoción de la literatura de las provincias”.
– ¿Ese proyecto nació porque detectaste una demanda, fue pura intuición o es simplemente una apuesta?
– En realidad creo que fue un poco intuitivo, porque tenía ganas de hacer algo con esos libros y autores que yo conocía cuando viajaba a las ferias –ferias del libro como Paraná Lee y como tantas que hay en el país–, y a veces me traía esos libros o conocía a sus autores y después los quería recomendar pero no sabía dónde buscarlos, porque no se consiguen en ningún lado.
Y después también nos dimos cuenta, cuando empezamos con el proyecto y con la librería, que a veces esos autores tampoco se conocían en las propias regiones donde escribían.
– ¿Le dieron, en algún momento, un giro a la librería? Porque en el catálogo vi a Emma Barrandeguy que, me parece, no necesita difusión.
– Sí. No sé si acá mismo en la provincia hay tanta gente que lee a Emma Barrendeguy. O sea, sí es una autora a la que justamente María Moreno le dio mucha visibilidad en su momento. De hecho, María publicó Habitaciones, que era una novela de ella que estaba completamente descatalogada, y que hizo cierto run run entre los lectores, pero después mucha gente no la conocía.
Habitaciones se volvió a editar hace unos años por una editorial chiquita de Buenos Aires, y es un libro, por ejemplo, que vendemos muchísimo, porque la gente había escuchado hablar de la novela, pero nunca la había tenido.
Creo que son autoras que, más allá de que tienen un lugar dentro de la literatura regional o incluso argentina, por ahí los lectores más jóvenes no las conocen.
– Me interesa saber, más allá de lo que en sí mismo supone esa circulación y esa difusión, si funciona como negocio, si es redituable.
– Redituable, la verdad, no es. Es una librería muy de nicho, o sea, va quien quiere conocer un poco más de una literatura argentina que no sea solamente la del Río de la Plata, o va porque alguien la recomienda o porque escucha hablar de la librería. Pero lo cierto es que no vendemos tantos libros como nos gustaría vender.
Ahora tenemos un stand acá y trajimos algunos títulos del catálogo, por eso las ferias también son importantes para que esos libros circulen también fuera de la librería.
La novela en marcha
– ¿Se puede saber de qué va la novela en la que estás trabajando?
– Es la historia la historia de una casa que ha quedado deshabitada hace, más o menos, diez años. Y bueno, la casa va contando su historia, la historia de la última familia que vivió allí, y hay mucho monte, porque el monte está avanzando sobre la casa, la casa volviendo al monte.
– ¿Habla la casa?
– Sí, habla a la casa. La casa es una de las narradoras.
– ¿Se puede escribir una historia sobre una casa sin irse a Casa Tomada?
– Bueno, es un referente, claro. Sí, es un cuento de Cortázar que a mí me encanta, un gran cuento, que no sólo mí me gusta, sino que mucha gente coincide conmigo. Es un cuentazo.
También está la referencia de La Casa, de Mujica Lainez. Son autores que antes de mí han pensado en escribir sobre casas, así que sí.
– ¿Te ponés plazos para escribir?
– Por ahí está la fantasía de que la editorial te exige tantos libros, cada tanto tiempo, y, por lo menos en mi caso, no es así.
Yo tengo algo avanzado, que es un proyecto en el que quiero seguir trabajando, ahí lo se lo muestro a la editora y lo empezamos a conversar, y si a ella le interesa avanzamos pensando que ese libro puede publicarse.
Ahí empiezan las fechas, y ahora estoy en esa porque tengo que entregar la novela en breve.
– Más allá de lo que pueda pedir la editorial, los plazos internos, pero no solo en términos creativos sino también en términos de necesidad económica, de laburo, ¿cómo pesa eso?
– A veces hay que, no sé, robarle tiempo al tiempo para escribir, porque siempre hay cosas que te distraen de la escritura, siempre hay otra cosa que hacer antes.
– Pero a una escritora, ¿qué la puede distraer de la escritura?
– Lo que pasa es que ser escritora en esta época no es solamente estar escribiendo en tu casa, sino que hay que ir a ferias, festivales, universidades que te invitan. Son cosas que tienen que ver con la circulación de los libros, que exigen que una le ponga, el cuerpo y también porque por eso te pagan.
– ¿Qué te pasa con eso? Más allá de que sea parte del trabajo, ¿te fastidia, te gusta?
– Me pasa, a veces, un poco de todo eso. Porque pienso que todo esto me está quitando la energía para poder trabajar en una novela, o en lo que sea que esté escribiendo en ese momento. A veces los viajes son divertidos, pero a veces son un embole
Pero más allá de la escritura física, o sea, de la escritura en la computadora, también hay un tiempo de escritura que yo necesito y que eso sí logro tenerlo, que es estar como escribiendo en la cabeza antes de sentarme a escribir.
– ¿Y tenés rutina para escribir?
– No. Ahora que estoy trabajando y que tengo que entregar, sí, todos los días tengo que escribir un poco, porque si no voy a estar años, pero en general, no. Nunca logro armarme eso que dicen que es una disciplina o que es una rutina.
– Última pregunta, ¿para qué sirve un libro?
– A mí me ha servido para muchas cosas, desde mis épocas niñas en que me convertí en lectora. Sirve para abrir mundos, para abrir la cabeza, para ponerse en el lugar del otro –cosa que me parece que necesitábamos bastante hoy en día–, y todo eso lo aprendí en un libro.
Paraná Lee, una feria para disfrutar y gozar.