Se viene El Niño y se trabaja para que su impacto sea el menor posible
El fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) implica el calentamiento de las aguas del Pacífico y la alteración de los vientos, lo que genera cambios atmosféricos que pueden impactar en Sudamérica. Actualmente, la atmósfera ya se ha acoplado al calentamiento oceánico, configurando un evento típico de ENOS.
Se espera que la señal de impacto en la región argentina “sea inminente, aunque aún no está completamente definida”, dijo Jua Borús, prestigioso especialista del Instuto Nacional del Agua (INA), al referirse a la próxima llega de El Niño, que algunos señalan será muy fuerte.
El inicio de los efectos, explicó Borús durante una entrevista con el programa Malos Perdedores, que conducen Carlos Matteoda, Alejandro Abero y Marta Segovia por Radio Costa Paraná (88.1), se prevé “en la cuenca del río Uruguay, donde ya se observan lluvias en la cuenca media y baja, aunque menores a lo pronosticado inicialmente”. En el corto y mediano plazo, los niveles del río Uruguay “se mantendrán en valores medios-altos, pudiendo alcanzar niveles de alerta si las lluvias aumentan, especialmente en zonas como Paso de los Libres y aguas abajo de Salto Grande”.
En otras áreas, como la alta cuenca del Paraná en Brasil y la cuenca del río Paraguay, “las lluvias permanecen erráticas y por debajo de lo esperado, por lo que aún no se observa el impacto de El Niño en esas regiones”. La evolución de las precipitaciones y sus efectos “deben ser monitoreados cuidadosamente”, dado que la distribución espacial y temporal de las lluvias nunca es idéntica entre eventos de El Niño, y sus impactos varían considerablemente.
Vulnerabilidad regional
La región es actualmente “más vulnerable que hace 40 años debido a cambios ambientales y sociales, lo que aumenta el potencial de impacto de eventos extremos”, agregó Borús. Los especialistas enfatizan la importancia de un seguimiento constante y prudente, evitando alarmismos pero manteniendo la alerta.
Los efectos de El Niño no se manifiestan de inmediato, por lo que se requiere paciencia y monitoreo continuo para anticipar y gestionar los riesgos.
Gestión del riesgo
Diversas actividades económicas dependen de pronósticos precisos y con suficiente antelación. “La navegación fluvial de alto porte, por ejemplo, requiere información con horizontes de hasta 10 semanas, mientras que la ganadería en islas necesita previsiones aún más prolongadas para planificar la evacuación de hacienda ante posibles inundaciones”, advirtió el especialista del INA.
Para responder a estas necesidades, se elaboran informes hidroclimáticos conjuntos con el Servicio Meteorológico Nacional, que ofrecen perspectivas para lo que resta del invierno y el inicio de la primavera, permitiendo a los productores asumir riesgos informados según sus recursos y capacidades logísticas.
Respuesta estatal
El Estado argentino cuenta con el denominado Sstema Nacional de Gestión Integral del Riesgo (Sinagir), respaldado por legislación y sostenido por organismos técnicos como el Instituto Nacional del Agua (INA), el Servicio Meteorológico Nacional, el Instituto Geográfico Nacional y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae). Estos organismos colaboran estrechamente y están preparados para enfrentar eventos extremos sin necesidad de recurrir a entidades privadas. “La coordinación interinstitucional y la vocación de servicio son pilares de la respuesta estatal, a pesar de recortes presupuestarios y embates políticos que han afectado a algunos organismos”, subrayó Borús.
La Agencia Federal de Emergencias complementa el sistema existente, aunque su creación no era considerada indispensable por los especialistas. El personal técnico y operativo de los organismos mantiene el compromiso de brindar información y apoyo a provincias y municipios, asegurando la preparación y respuesta ante emergencias hídricas.
Juan Borús, referente del INA.