«Remar contra la corriente»: el testimonio de Pablo Russo sobre la travesía que defiende al Paraná

El periodista y editor Pablo Russo compartió los detalles de su participación en la campaña «Remar contra Corriente», una movilización náutica que recorre ochocientos kilómetros desde Chaco hasta Rosario para visibilizar los conflictos ambientales y políticos que atraviesan la cuenca. Relató cómo la travesía une consignas de soberanía económica con la defensa de los humedales.

Russo se sumó a la navegación en su propia piragua, una embarcación llamada Gelsomina en honor al personaje de la película La Strada de Fellini.

«Desde el lado periodístico me parece importante ser testigo de los acontecimientos que tienen que ver con este territorio de aguas», explicó sobre su decisión de acompañar la movida que este año ajustó su logística para completar el recorrido en catorce días.

Aunque la presencia de lanchas a motor garantiza el cumplimiento de los tiempos, el periodista remarcó que el acto de remar mantiene un fuerte peso simbólico de resistencia. El corazón del reclamo apunta a la gestión del río y las consecuencias del comercio internacional sobre el ecosistema.

Según describió Russo, existe una oposición firme a la profundización del dragado a cuarenta y cuatro pies, una medida que permitiría el ingreso de barcos de ultramar pero que alteraría los ciclos naturales.

«Se oponen al dragado porque eso modifica el ecosistema, modifica los arroyos y la reproducción de los peces», advirtió Russo al detallar que el objetivo de la campaña es que la geografía no deba adaptarse a las necesidades del comercio.

La travesía funciona como un espacio donde confluyen miradas ecologistas con posturas soberanas que exigen que el Paraná esté manejado por manos argentinas. El periodista reconoció que la relación de fuerzas «es desigual», pero destacó la «convicción» de los organizadores.

«Entienden que la cuestión de hacer patria no es fácil, hay que luchar contra gigantes y a veces lleva mucho más tiempo del que cuentan en la historia», reflexionó el cronista de 170 Escalones durante su paso por el programa En el Dos Mil También..

 

El encuentro con las comunidades y el espíritu

Uno de los momentos más significativos del viaje ocurrió frente a la costa santafesina, en la isla El Letrero, donde habita la comunidad mocoví de la familia Romero.

Russo relató que este grupo está plenamente identificado con las banderas de la travesía porque entienden el río como parte de su propia vida. «Se sienten parte del río, del ecosistema, y toman esta actitud frente a la amenaza», comentó sobre el recibimiento que incluyó mate y tortas fritas en una ronda compartida con los navegantes.

Además del trasfondo político, el entrevistado resaltó una dimensión espiritual y de mestizaje cultural que acompaña a los botes. Describió ceremonias de pueblos originarios con cantos y humos que conviven con la presencia de una imagen de la Virgen de Itatí en la lancha de Luis «Cosita» Romero.

«Es una mixtura, un mestizaje que hace a una dimensión espiritual o religiosidad que vincula esta travesía», señaló para graficar el respeto entre las distintas creencias presentes en el agua.

Más allá de su rol como cronista fluvial, Russo brindó detalles sobre 170 Escalones, la plataforma de periodismo cultural urbano que dirige junto a Franco Giorda.

El proyecto se sostiene de manera autogestiva mediante un grupo de suscriptores y se expande a través de podcast y la edición de libros que rescatan la identidad regional. Entre sus publicaciones más recientes mencionó obras sobre la arquitectura de las ciudades del río, la autobiografía de Dominga Ayala de Almada y libros fotográficos sobre las huellas en la piel de la ciudad de Paraná.

A pesar de los desafíos de sustentabilidad que enfrentan los medios independientes, el periodista destacó que continúan produciendo contenidos vinculados a la gestión cultural y la comunicación.

Russo, quien también se desempeña como docente en la Facultad de Ciencias de la Educación, concluyó que la tarea de observar lo que ocurre en el territorio, incluso en los tiempos muertos de una remada, es lo que «permite dar cuenta de lo que verdaderamente sucede en la cuenca del Paraná».