Reflexiones tras la vuelta de la humanidad a la Luna
Walter Elías, integrante de la Asociación Entrerriana de Astronomía, que acaba de cumplir 50 años, destacó la importancia de la ciencia argentina en la misión Artemis. También evocó a los fundadores de la AEA y contó cómo surgió la idea de conformarla.
La tripulación de Artemis II regresó el viernes a la Tierra, sana y salva, luego de amerizar en el océano Pacífico frente a las costas de California, en Estados Unidos.
Los astronautas llegaron más lejos en el espacio que ningún otro ser humano antes que ellos: algo más de 6.400 km por encima del récord de 399.655 km establecido por la misión Apolo 13 en 1970.
La misión de Artemis II despertó fascinación en millones de personas y volvió a poner los temas relacionados con el espacio en la agenda de los medios y en las charlas cotidianas.
Walter Elías es licenciado en Bioinformática, gerente de Oro Verde Digital, trabaja en la bioinformática aplicada y en las aplicaciones aeronáuticas, y es integrante de la Asociación Entrerriana de Astronomía, que este 10 de abril acaba de cumplir 50 años.
Elías, durante una entrevista con el programa Ruido de Mate, que conducen Andrea Venturini, Marcelo Medina y Julio Galera por Radio Costa Paraná (88.1), en primer lugar, explicó qué es el clima astronómico y refirió que alude “a la situación en la cual se encuentra la atmósfera en el momento de poder realizar alguna observación. Para los que estamos en estos en estos temas, lidiamos mucho con nuestra atmósfera, porque, las capas atmosféricas van cambiando de temperatura, y ese cambio de temperatura, dependiendo de las características de todo lo que ocurre en el día, hace que las observaciones en la noche se vean condicionadas”.
Para una observación, entonces, “el trabajo que se hace es, primero, tratar de identificar cómo va a estar la atmósfera de noche, porque es una de las de las condiciones para poder preparar todo el equipamiento y para saber qué es lo que uno va a disponer para hacer una observación. Y, después, una vez que está determinado ese clima, ver si lo que el trabajo que uno va a hacer va a servir o no”.
Elías, asimismo, señaló que, en general, los lugares más propicios del país para este tipo de observaciones son los desiertos, por varias características. “Una es el clima seco, por lo cual hay menos humedad en la atmósfera hace que haya menos distorsión atmosférica. Por otro lado, los desiertos están lejos de las poblaciones, y también eso hace que haya menos contaminación lumínica. Y, finalmente, el cambio de temperatura es favorable porque se enfría mucho la atmósfera durante la noche, y eso hace que en esas zonas haya menos distorsión también”, precisó.
Agregó, en este sentido, que por estas razones es muy favorable el observatorio de San Juan, por ejemplo, y, sin dudas, los mejores observatorios del mundo son los que están en el desierto de Atacama, en Chile.
– ¿Hay mucha gente que compra telescopios?
– Sí, hay gente que compra telescopios, pero lamentablemente los compra de juguete y eso genera un efecto negativo, porque pretendiendo ver lo que se vería en un telescopio de buena calidad o un telescopio semiprofesional, la experiencia termina siendo negativa porque uno se frustra.
Hay que tener mucho cuidado en la compra. Siempre digo que, para empezar, lo ideal son unos buenos binoculares, mucho más que un telescopio. El binocular tiene la capacidad de, por ahí, permitir discernir entre objetos que están lejos, y además hacer observaciones un poco más panorámicas. Obviamente, no permiten ver definiciones en los planetas, pero sí para mirar el espacio profundo y empezar a conocer el cielo.
El telescopio requiere un poco más de tecnología y no son tan económicos.
– ¿Qué cosas importantes dejó este viaje de Artemis?
– Creo que, como argentinos, es muy importante abrazar la idea de que esta misión a la luna acompañó también a la ciencia argentina, y el desarrollo tecnológico argentino estuvo inmerso en esta misión. Eso creo que es un es un hito importante también para nuestra industria aeroespacial.
En esta misión se envió el satélite Atenea, que viajó “escondido” –iba apartado dentro de la nave–, un satélite muy pequeño, del tamaño de una caja de zapatos, que fue soltado entre 60.000 y 70.000 kilómetros de altura por fuera de la zona de influencia del campo magnético terrestre. De esta manera, lo que se logra es empezar a realizar trabajos científicos en una zona que recibe radiación del sol y radiación que viene de fuera del sistema solar, y medir esa radiación sin el filtro que supone el campo magnético terrestre.
Hasta la fecha, todos los viajes que se hicieron a la Luna en la época de las misiones Apolo, en una época en la que no había mediciones y no existía este tipo de tecnología, fueron básicamente hechos con el coraje de esos hombres que fueron sin tener ningún tipo de conocimiento respecto de lo que podía llegar a pasarles respecto a la radiación.
Argentina, uno de los cuatro invitados
Elías, además, destacó fue Argentina fue uno de los cuatro países invitados y el único de América, o sea, que “la capacidad tecnológica argentina ya nos posiciona ante ese tipo de necesidades, y que las podemos cubrir con un satélite desarrollado por tres universidades nacionales públicas, que también es importante considerarlo”.
Otro hito importante de esta misión, según la mirada de Elías, es que la nave tenía baño, algo que nunca había sucedido en las misiones Apolo.
Y el tercero fue la presencia por primera vez de una mujer
Los 50 años de la AEA
Elías, por último, recordó que las misiones de la Apolo a la Luna fueron una de las motivaciones de aquellos jóvenes que en 1976 decidieron fundar la Asociación Entrerriana de Astronomía (AEA). “Ellos se vieron también enamorados de alguna manera por el espacio, y empezaron a juntarse para conocer más, para tener un espacio de reunión y charlar estos temas. En esa época había varios de los integrantes actuales, pero también otros que ya no están. Nombres como el doctor Carlos Desio, seguramente mucha gente todavía lo recuerda en Paraná, y César Bretto estuvieron entre los fundadores, y también Luis Trumper, que sigue siendo miembro de la asociación”, evocó.
Elías, asimismo, nombró al profesor Jacinto Corujo como uno de los impulsores clave de la fundación de la AEA. “Arriba de la Escuela Normal se ve una cúpula que pertenece a un observatorio, que obviamente está inactivo por el hecho de estar en el medio de la ciudad. Ese observatorio llamaba la atención de aquellos jóvenes. Ellos se acercaron hasta la Escuela Normal, y otro personaje ilustre de nuestra ciudad, Jacinto Corujo, profesor de Física, fue el que los recibió y les dijo, ‘miren, chicos, este espacio no se los puedo dar, porque es un espacio que está destinado para otra cosa, pero sí sería bueno que se constituyan como una asociación’”, recordó.
La AEA, añadió, fue “creciendo lentamente, porque lo que hacían era único, empezaron a dar cursos y charlas, hasta que en 1986, justito diez años después, y a través de un comodato por el terreno que actualmente ocupa se construye el primer observatorio, que es parte de lo que nosotros todavía conservamos, cuando era gobernador Sergio Montiel”.
Walter Elías, integrante de la Asociación Entrerriana de Astronomía