Quienes concurren a los comedores comunitarios poseen dignidad y no deberían ser tratados como descartables

El comedor de la parroquia San Miguel Arcángel atiende actualmente entre 80 y 120 personas por día. La asistencia ha aumentado progresivamente durante los últimos años, aunque disminuye en jornadas de lluvia o cuando algunos beneficiarios reciben ayudas estatales y dejan de concurrir temporalmente.

El 70% de quienes asisten al comedor de la parroquia San Miguel Arcángel “vive o permanece habitualmente en la calle. El 30% restante conserva algún núcleo familiar o espacio de contención y suele subsistir mediante changas, tareas como ‘trapito’ o la recolección de cartón”, dijo el cura párroco Gustavo Horisberger durante una entrevista con el programa Ruido de Mate, que conducen Marcelo Medina, Martín Echagüe, Julio Galera y Andrea Venturini por Radio Costa Paraná (88.1).

Se trata de una comunidad relativamente estable, aunque su composición etaria cambió. El comedor, creado hace casi 50 años para atender principalmente a adultos mayores excluidos por problemas familiares, alcoholismo o antecedentes carcelarios, actualmente recibe en un 90% a personas de entre 18 y 40 años.

Sostenimiento y colaboración

El funcionamiento depende principalmente de “las donaciones de la comunidad parroquial y de empresas que aportan alimentos, ya sea entregándolos o mediante su recolección. También existen ocasionalmente programas nacionales que otorgan, tras numerosos requisitos y trámites burocráticos, una tarjeta prepaga con fondos por algunos meses; sin embargo, esa asistencia no es permanente”, agregó Horisberger.

La parroquia organiza especialmente la colaboración el día 22 de cada mes, durante la celebración de María Reina, cuando los fieles suelen llevar alimentos para la colecta. El cura consideró que canalizar las donaciones a través de instituciones puede ser más efectivo que entregarlas individualmente en la calle.

Valoración social

El sacerdote destacó la solidaridad de quienes colaboran, especialmente de personas que alguna vez atravesaron necesidades y comprenden la importancia de ayudar. No obstante, sostuvo que la existencia misma de un comedor para alimentar diariamente a tantas personas “no debe ser motivo de satisfacción, sino de preocupación: quienes concurren poseen dignidad y no deberían ser tratados como descartables”.

La pobreza y la vulnerabilidad, remarcó, no responden exclusivamente al gobierno actual; según su experiencia desde el retorno democrático, constituyen “un problema estructural que ha crecido durante décadas”. Consideró, además, que la pobreza parece ser uno de los fenómenos que más aumenta en el país y que, además de las carencias materiales, existen otras necesidades sociales igualmente importantes.

Quienes concurren a los comedores comunitarios poseen dignidad y no deberían ser tratados como descartables Gustavo Horisberger, párroco de la iglesia San Miguel Arcángel.
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