Paraná es una señora a la que le gusta quitarse la edad
La definición es de Jorge Riani, quien también describió a la ciudad como una joven rebelde. El periodista y escritor, durante una entrevista con el programa En El Dos Mil También de Radio Costa Paraná, contó historias poco conocidas de la ciudad que tuvo, según su mirada, dos años clave: 1854 y 1870. Especuló, además, sobre por qué Paraná fue la capital de la Confederación Argentina.
Paraná, la ciudad que no fue fundada, es, según la ocurrente definición del periodista y escritor Jorge Riani, una señora a la que le gusta quitarse la edad. Aclaró, sin embargo, que lo de señora es porque se trata de una ciudad y no porque quitarse la edad fuera algo privativo de las señoras, porque los señores pueden hacerlo.
“Los paranaenses hemos decidido, a falta de una fecha fundacional, celebrar cada cumpleaños el 25 de junio, reconociendo un punto de partida histórico, pero mucho más anticipado en el tiempo de cualquier otra fecha que también podría haberse ser tomada como, por ejemplo, el año 1730”, agregó Riani durante una entrevista con el programa En El Dos Mil También, que conducen Antonio Tardelli, Sebastián Martínez y Juan Cruz Varela por Radio Costa Paraná (88.1).
Paraná es, a la vez, “una joven rebelde” dado que “tiene un par de rebeldías históricas que la hacen distinta y la dotan de una usina de historias”. Esas fechas, o esos años, son 1854 y 1870
En 1854, Paraná era un lugar de paso, fundamentalmente de los viajes fluviales entre Buenos Aires y Asunción, recordó Riani. “No era mucho más que eso, era un derrame poblacional de Santa Fe, y aun así se permitió ser capital de un país”, remarcó.
Y en el gobierno que tenía sede en Paraná, en aquel tiempo, “Juan Bautista Alberdi era el ministro de Relaciones Exteriores” y “se crea el Obispado del Litoral, en 1859, con lo cual el Papa Pío IX, reconoce el Estado liberal de Paraná, en una muy ardua negociación”.
El otro año significativo de la ciudad es 1870, cuando se abre la Escuela Normal y “Paraná pasa a ser, como me gusta decir, una fábrica de maestras y maestros normalistas”, subrayó.
¿Por qué Paraná fue la capital?
El porqué Paraná fue la capital, tras la victoria de Justo José de Urquiza sobre Juan Manuel de Rosas, tiene mucho que ver, seguramente, con el hecho de que el vencedor de Caseros era entrerriano. Ahora bien: ¿Había en Paraná algún elemento específico, característico, intelectual, que ayudara en este sentido?
Riani, en tren de especulaciones, opinó que tal vez influyera que, en la provincia de Urquiza, Paraná es el punto más occidental, alejado de Brasil, en una época donde siempre se pensaba en una probable invasión de ese imperio.
La cercanía con Santa Fe, seguramente, también haya influido. “Urquiza era una persona que quería que la capital nacional en realidad estuviera en Rosario. El diario insigne de Rosario, La Capital, fue fundado por Ovidio Lagos con dinero que le consiguió el propio general Urquiza”.
“Urquiza miraba con mucha atención a ese puerto, por eso a mí me gusta decir que Rosario le debe mucho a Entre Ríos, mucho a Urquiza. Es como una ciudad que fluye a partir de una política urquicista como es la libertad de navegación en los ríos”, apuntó.
Historias
Riani, en sus libros, escribió muchas historias de la ciudad. La de la casa del arquitecto español Santos Domínguez y Benguria –el constructor del Palacio Municipal y del edificio de la Sociedad Española–, contó, “es la que más me gustó”.
“Una vez me pregunté cómo habrá sido la casa de Domínguez y Benguria y supe que estaba en la esquina de Echagüe y Palma. Allí había un palacio encantado, que era su casa, y que después los paranaenses tiramos abajo. En ese lugar ocurrieron historias realmente novelescas que cuento en mis libros”, comentó.
Recordó que hace más de 20 años tuvo la oportunidad de entrevistarse con dos nietas de Domínguez y Benguria, ya ancianas, que le explicaron cómo era la casa. “De pronto me muestran fotos y descubro que la casa era una suerte de síntesis de todos los edificios que había hecho Domínguez y Benguria, el arquitecto al que le gustaba hacer puentes. En determinado momento les pregunté si la casa, que tenía un jardín muy grande, tenía algún puente. Y enseguida me di cuenta de que era una absoluta estupidez preguntar eso, ¿cómo una casa va a tener puente? Pero la sorpresa fue cuando me dijeron que, efectivamente, sí tenía puente. Esa es una de las historias que más me ha gustado contar”.
Jorge Riani, periodista y escritor.