Números que duelen

Tras conocerse el informe de Unicef Argentina sobre la pobreza en el país, con eje en los niños y niñas, Anabella Albornoz, integrante de Suma de Voluntades, trazó un panorama de esa problemática en la ciudad. La situación “es crítica” no sólo por la falta de alimentos y de trabajo, sino también por “el avance del consumo” de drogas entre los chicos.

Unicef Argentina lanzó la campaña “El hambre no tiene final feliz” cuyo objetivo es difundir la situación de pobreza que enfrentan chicas y chicos desde hace décadas y llamar a la población a contribuir para mitigar esta realidad. Cada día, un millón de niñas y niños se van a la cama sin cenar en el país, dice un estudio publicado por la organización. La cifra, ciertamente, es abrumadora.

Anabella Albornoz, la presidente de Suma de Voluntades –una organización que trabaja mucho en esta dimensión social y de ayuda solidaria– en diálogo con el programa En El Dos Mil También, que Antonio Tardelli y Sebastián Martínez conducen por Radio Costa Paranpa (88.1), trazó un panorama igualmente desolador en Paraná

– ¿Qué estás viendo en Paraná concretamente?

– Números que duelen. Justamente la semana pasada hicimos la presentación de un documental que, en realidad, lo habíamos grabado hace cinco años. Y lo más doloroso es que nada ha cambiado sino que todo se ha profundizado.

Creo que estamos sobrados de diagnósticos. De hecho, nosotros hicimos una presentación de números también similar a la que hizo Unicef, pero en los barrios donde nosotros trabajamos.

La situación es crítica no solamente por la falta de alimentos, la falta de trabajo, sino también por el avance del consumo problemático en infancias.

– ¿Hace cuánto que trabajás en Suma de Voluntades?

– Hace 14 años.

– ¿Hay algo nuevo bajo el sol? ¿Hay alguna novedad en el fenómeno? ¿O son las mismas cosas recicladas o repetidas?

– Y, en realidad, son las mismas cosas repetidas, porque este tipo de situación ya lo habíamos vivido, pero ahora es mucho más crítica.

También es la falta de financiamiento de los programas que antes estaban y hoy no están, que, si bien no generaban movilidad social ascendente, eran un acompañamiento.

Hoy hay un desfinanciamiento de muchos programas del área social que hacen más caótica la situación. Y, obviamente, esto lo que agrava es la falta de alimentos. Ese diagnóstico que da Unicef, nosotros lo vivimos a diario.

Antes, en las recorridas nocturnas, no se veían casi niños y hoy vos ves familias enteras, jubilados. Nosotros hicimos un relevamiento propio para entender, si bien la realidad nos estaba diciendo que la gente no tenía para comer en su casa, la singularidad de cada familia, y lo que arrojó es que las familias caminaban 30/40 cuadras por un plato de comida y no eran asiduas a la ayuda estatal del Estado. Eran familias que al 10 o 12 ya se quedaban sin dinero para la comida.

– ¿Qué pasa con la gente que es beneficiaria de algún plan social porque el Gobierno dice que ha mantenido el poder adquisitivo de los programas?

– Lo que pasa es que no es acorde con la inflación. Nos pasa a nosotros, los trabajadores, que hacemos una compra y son 80 mil pesos y no traemos nada. Imaginate los sectores más vulnerables en donde no hay un conocimiento del valor nutritivo de las comidas, que compran lo que pueden y hasta donde pueden.

Hay algo que quiero aclarar, no es un plan social, es un programa. Muchas cosas del programa hay que ponerlas en crisis, porque a los sectores más vulnerables se los trata de vagos, que no trabajan, que reciben un plan. Hay un enorme valor productivo en los barrios que muchas veces está invisibilizado y muchos de esos vagos están al frente de los comedores y merenderos.

La droga

Albornoz, además, remarcó que en Paraná “aumentó notablemente el consumo de estupefacientes en infancias, de manera exponencial. Puentes, que es un dispositivo que acompaña esta problemática, El Hogar de Cristo, están saturados.

– ¿Qué indicador, qué hecho u qué situación les permite a ustedes advertir efectivamente este incremento del consumo de drogas?

– Y porque lo vemos a diario en los territorios. Y, de igual forma, por ejemplo, este mismo diagnóstico lo tiene (el juez Penal de Niños y Adolescentes) Pablo Barbirotto y (el jefe de la Departamental Paraná de la Policía) Carlos Schmunk.

De cada 10 gurises que ingresan al sistema penal juvenil, nueve tienen problemas de adicciones, y la mayoría de los delitos se dan en contacto de consumo problemático.

Nosotros también lo vemos porque perdemos a diario a muchos adolescentes y a muchos jóvenes.

– ¿Qué quiere decir perdemos a diario?

– Que ante la falta de financiamiento de algunos programas, los gurises no pueden acceder a un dispositivo para mejorar su salud. Hay programas vigentes, pero cuesta un montón conseguir una beca del Sedronar.

Hoy los gurises de los sectores más vulnerables están entre la cárcel, la calle o el cementerio. Ese es el diagnóstico que nosotros, los que trabajamos en el territorio, tenemos.

Por eso decidimos invitarlo a Carlos Schmunk porque entendemos que la contracara de la inseguridad no es la seguridad, sino las intervenciones sociales.

El tema del aumento del consumo no es solamente una cuestión de seguridad. Tenemos que partir de intervenciones sociales, porque vos corres a la gurisada de una esquina, pero si no le generás un proyecto de vida, no le generás expectativas, es lo mismo que nada, lo que estás haciendo es correr el problema.

Los clubes (en esta lucha) son fundamentales. El deporte, en otras ocasiones, nos sirvió para poder sacar a los gurises de la calle. Hoy para nosotros es una herramienta impresionante el tema de la pelota, por eso apuntamos mucho al deporte como escuela de vida, más que como deporte en sí.

– ¿Quiénes están hoy en los barrios ayudando a las familias?

– Siguen las organizaciones. Si bien hay organizaciones que reciben aportes del Estado, nosotros, por ejemplo, nuestro fuerte es la comunidad. Pero quienes están al frente de los comedores y merenderos son los vecinos de los barrios, acompañados por las organizaciones. Y muchas veces también por el Estado.

– ¿Ustedes trabajan en conjunto con ellos, les llevan alimentos, hacen actividades?

– Exactamente, pero nosotros somos la anécdota en todo esto. Quienes son transformadores de su realidad son los vecinos, nosotros acompañamos.

En el comedor es donde se detecta cuando el nene consume, cuando no va a la escuela, cuando es abusado, cuando es golpeado. Entonces no hay que minimizar el rol de las cocineras de los barrios.

– ¿Qué drogas están consumiendo los pibes?

– Hay de todo.

– Marihuana, cocaína, paco, ¿qué hay?

– Hay una droga que nunca me sale el nombre, pero en el barrio se le dice alita (alita de mosca), que es lo peor de lo peor. En determinados horarios ves zombis. No solamente nos pasa en los barrios, sino en la calle cuando salimos a las recorridas nocturnas.

– Y los pibes reclutados para vender.

– Sí. Y muchos son muy niños, y no es porque sean inimputables, sino porque son mano de obra barata.

– ¿De qué edad estamos hablando?

– Nosotros tenemos problemas de consumo en chicos de 11 años.

– Le habrás comentado a Schmunk que todo el mundo sabe dónde está el kiosquito, quién vende.

– Todos sabemos. Y ellos también lo saben. Es un tema que prefiero no meterme. Creo que otros deben dar respuesta a eso, y no yo, y más el resto de mis compañeros, que estamos siempre en los barrios.

– ¿Pero ves a la Policía como solución o como parte del problema?

– Creo que todos somos parte de la solución, y, también, de alguna manera, parte del problema.

– Tenés una mirada optimista del asunto.

– Sí, yo creo que es momento de dejar todas las diferencias de lado y empezar a buscar consensos, sobre qué tipo de ciudad queremos reconstruir.

Por eso, cuando presentamos el documental Asentamiento, lo primero que dijimos fue que no queremos salir a criticar lo que se hace mal o lo que no se hace, lo que no se hizo, sino ver cómo nos unimos todos para repensar las políticas sociales.

Sin duda hay mucho que criticar de la Policía, sin duda hay mucha gente que está muy comprometida, y en este caso sí valoramos al jefe de la Departamental porque hace 14 años que soy voluntaria y nunca vi esta predisposición para dar la cara.

Entonces creo que todos podemos ser parte de la solución. Este contexto, que es complejo, exige más compromiso de todas las partes, sobre todo del Estado.

Números que duelen Anabella Albornoz, de Suma de Voluntades.
🎵 ANABELLA ALBORNOZ, En El Dos Mil También.⬇ Descargar