«Los entrerrianos somos duros»: el rescate de la memoria de los mártires de 1956

Mirta Nasta, quien a sus 85 años se presenta como la única voz viva capaz de relatar en primera persona los pormenores del levantamiento del 9 de junio de 1956, compartió su testimonio sobre una gesta que, según sus palabras, buscaba la paz y la unidad de los argentinos. La entrevistada aclaró de entrada que, […]

Mirta Nasta, quien a sus 85 años se presenta como la única voz viva capaz de relatar en primera persona los pormenores del levantamiento del 9 de junio de 1956, compartió su testimonio sobre una gesta que, según sus palabras, buscaba la paz y la unidad de los argentinos.

La entrevistada aclaró de entrada que, aunque es una figura central de la Comisión Permanente de Homenaje, esta organización fue fundada 40 años después del movimiento, en la década de los 90, por dirigentes como Rufino Méndez y Gauna.

Al analizar la composición del movimiento que intentó reivindicar al gobierno de Perón, Nasta subrayó el carácter nacionalista de sus líderes, destacando el rol protagónico de Entre Ríos como la provincia con la participación más numerosa.

Sobre este punto, dejó una definición cargada de intencionalidad política actual: «Los entrerrianos somos bravos y eso lo tendría que aprender algún gobernador por ahí que anda suelto que los entrerrianos somos somos duros… un gobernador que no es entrerriano por supuesto».

El drama familiar, exilio y cárcel

La historia personal de Nasta está ligada de forma directa al mando militar del levantamiento, ya que su tío, el general Alberto Nasta, fue el jefe de la parte militar, secundado por Alberto Talagano en el sector civil.

Aunque en Entre Ríos no se produjeron fusilamientos, la entrevistada recordó con dolor las persecuciones, encarcelamientos y exilios.

Relató cómo su abuela lloraba hincada en el patio de su casa en calle Gualeguaychú, sin saber si su hijo estaba vivo, mientras el general Nasta permanecía tres meses escondido en un campo del departamento Villaguay antes de ser sacado del país.

El destino final fue Venezuela, donde su tío recibió asilo por su amistad con el presidente Pérez Jiménez. Sin embargo, Nasta aportó un dato curioso sobre los giros de la historia: «Cuando cae Pérez Jiménez que lo meten preso mi tío que acá no le tocó le tocó estuvo preso con Pérez Jiménez en Venezuela».

Olvido institucional y la diferencia con los años setenta

Un eje central de su reclamo fue la absoluta falta de reparación histórica para las familias de los 33 fusilados y los numerosos perseguidos. Nasta denunció que, a diferencia de otros procesos políticos, este grupo jamás recibió apoyo económico ni reconocimiento oficial, quedando en una «orfandad total y absoluta».

Al comparar el espíritu de 1956 con la violencia de la década del 70, la dirigente marcó una distancia ética y política profunda: «Acá nadie mató a nadie y lamentablemente los mataron… si vos me hablás de los 70 yo hasta ahora todavía me pregunto los montoneros qué querían hacer».

Para ella, el movimiento del 56 tenía como único fin restituir el orden institucional y la soberanía, lejos de las lógicas que cuestiona de los años posteriores.

Finalmente, Mirta Nasta invitó a la comunidad a participar de un acto breve y sencillo frente al Club Ministerio de Paraná, en la intersección de Laurencena y la calle que hoy lleva el nombre de los mártires del 9 de junio.

El homenaje, previsto para las 16 horas, consiste en una ofrenda floral y el nombramiento de cada uno de los 33 fusilados, con el objetivo de demostrar que existe una unidad en el sentimiento de memoria que trasciende cualquier candidatura política o grieta actual.