Lo que hay que saber sobre los terremotos
Los recientes sismos en Venezuela, Colombia y Perú llaman más la atención por su cercanía geográfica, el impacto en países conocidos y la difusión mediática, pero no constituyen necesariamente un fenómeno mundial sin precedentes.
Los servicios sismológicos internacionales observan periódicamente períodos con varios terremotos fuertes. Los eventos de Venezuela del 24 de junio fueron dos sismos superficiales, con focos cercanos a los 10 kilómetros y magnitudes aproximadas de 7,2 y 7,5. “Al producirse cerca de la superficie, liberaron energía con mayor impacto sobre zonas habitadas, agravado por el mal comportamiento de algunos suelos y la vulnerabilidad de las construcciones”, explicó Irene Pérez, doctora en Geología del Departamento de Investigaciones Sismológicas, del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (Inpres).
Los terremotos de Venezuela, Colombia y Perú deben considerarse independientes entre sí. “Los dos eventos venezolanos podrían estar relacionados, pero esa vinculación todavía se estudia. Cada terremoto debe analizarse desde la sismología, la geología, las fallas activas involucradas y la gestión de la emergencia, para generar antecedentes y mejorar la respuesta futura”, señaló Pérez en declaraciones al programa Ruido de Mate, que conducen Andrea Venturini, Marcelo Medina, Martín Echagüe y Julio Galera por Radio Costa Paraná (88.1).
Prevención y construcción
“La ingeniería sismorresistente no pretende que los edificios permanezcan necesariamente habitables después de un terremoto, sino que no colapsen, permitiendo evacuar y reduciendo las muertes. Los derrumbes evidencian posibles fallas en el conocimiento, la aplicación o el cumplimiento de códigos y normas constructivas, como ocurrió en distintos episodios internacionales”, agregó.
La preparación depende de dos factores principales: la vulnerabilidad de las conductas humanas y la vulnerabilidad constructiva. “Las personas deben conocer cómo actuar, mientras que las edificaciones deben diseñarse y construirse conforme a normas adecuadas”.
En Argentina, las provincias de San Juan y Mendoza, y el noroeste argentino son las regiones mejor preparadas, en parte “porque experimentan sismos con mayor frecuencia y sus habitantes tienen mayor familiaridad con ellos”. No puede afirmarse, sin embargo, que una ciudad esté completamente preparada: también importan la aplicación efectiva de las normas, los simulacros, la organización y la gestión de emergencias.
Alertas sísmicas
Pérez, además, explicó que “las alertas telefónicas no predicen terremotos. Se activan después de que el sismo ya comenzó, cuando sensores o teléfonos cercanos al epicentro detectan la aceleración del movimiento y envían avisos a un área determinada antes de que llegue la onda sísmica. Argentina no cuenta con un sistema nacional de alerta sísmica institucional; estos mecanismos dependen de la telefonía y de diseños específicos, como el existente en México. Los institutos sismológicos monitorean y estudian la actividad, pero no pueden anticipar con fecha, hora y lugar un terremoto”.
Situación del Litoral argentino
El Litoral es una zona de baja amenaza sísmica y pertenece, según la zonificación sísmica nacional, a la región de menor exposición. “Aunque históricamente se registraron episodios muy aislados y atípicos, los sectores con mayor propensión se ubican en el centro-oeste, el noroeste y algunas áreas del sur argentino. El terremoto de Caucete, San Juan, del 23 de noviembre de 1977, fue excepcionalmente perceptible en el Litoral, pero no modifica su caracterización general de baja sismicidad”, añadió la geóloga.
Recomendaciones prácticas
Pérez, asimismo, recomendó que “quien viaje a una zona sísmica debe acordar previamente con su familia un plan de comunicación para informar que está a salvo. Durante el sismo debe mantener la calma y alejarse de lugares inseguros. Si se encuentra en una construcción antigua, como una casona o iglesia, debe salir inmediatamente cuando sea posible. Después del evento, debe informarse mediante fuentes confiables y evitar leer o retransmitir mensajes falsos de redes sociales, especialmente aquellos que anuncian terremotos con fecha, hora y ubicación exactas, porque carecen de fundamento científico”.
Irene Pérez, geóloga.