La historia de vida de una boliviana que llegó a Paraná hace más de 40 años
Ira Maida nació en Cochabamba, Bolivia, vivió desde los 7 años en Santa Cruz de la Sierra y llegó a Paraná a los 16, junto con su madre y sus hermanos. La decisión fue de su madre, quien buscaba ofrecerles mayores oportunidades, horizontes más amplios y una perspectiva de ciudadanía universal.
Aunque lleva 41 años en nuestro país y se siente argentina, conserva sus raíces y sostiene que el desarraigo “nunca desaparece por completo”. Está agradecida especialmente a “la acogida afectuosa, respetuosa y solidaria de Paraná, ciudad donde pudo formar una familia y desarrollar su vida”.
Su llegada coincidió con una diferencia entre los calendarios escolares de Bolivia y Argentina, además de problemas administrativos con la documentación, por lo que inicialmente ninguna escuela podía recibirla. Una directora de la escuela Bazán y Bustos, del barrio El Sol, intervino y permitió que ella y su hermana terminaran allí la secundaria. Debido a las diferencias curriculares y metodológicas, debieron rendir materias equivalentes y perdieron un año. Su hermano, que ya tenía el secundario completo, comenzó Bioquímica en Santa Fe. Ira posteriormente accedió a la educación pública superior.
Trabajo social y adolescencias
“Quería estudiar Psicología, pero las limitaciones económicas me llevaron a elegir Trabajo Social, una carrera afín de la que terminé enamorándome”, dijo Maida en declaraciones al programa Ruido de Mate, que conducen Andrea Venturini. Marclo Medina, Martín Echgüe y Julio Galera por Rado Costa Paraná (88.1).
Comenzó a trabajar en un hogar para varones de 12 a 18 años, actualmente denominado espacio socioeducativo, y allí descubrió una especial afinidad para acompañar adolescentes. Su enfoque se basó “en construir espacios de encuentro, intercambio y reciprocidad, reconociendo a los jóvenes como personas con dignidad y capacidades, especialmente a quienes se encontraban en situación de riesgo o vulnerabilidad”, comentó.
Durante décadas trabajó con adolescentes institucionalizados y participó en casos de trata y explotación. En una experiencia particularmente significativa, acompañó la restitución a Bolivia de jóvenes pertenecientes a cinco familias bolivianas, con quienes aún mantiene contacto. También intervino en la adopción de un bebé de tres meses y conserva un vínculo con él, ya adulto.
Recién jubilada, Maida considera que “aún tengo mucho para aportar, y deseo seguir ofreciendo conocimientos y aprendiendo”.
Identidad y futuro
No visita Bolivia desde 1992 y extraña a su familia, amistades y país de origen. Compara esa nostalgia con la necesidad de regresar a casa después de unas vacaciones: Argentina es su vida principal, pero Bolivia continúa siendo parte esencial de su identidad. Aspira a volver algún día para compartir lo aprendido y recibió una propuesta para trabajar como asesora en el consulado boliviano, acompañando a esa comunidad en la región.
Ira maida dialogó con los conductores de Ruido de Mate.