La crisis del sistema previsional, los padecimientos de las personas mayores y la necesidad de los jubilados de seguir trabajando

En el último año, más de 22.000 jubilados entraron al mercado laboral informal mediante changas, generalmente en condiciones precarias y bajo fuerte presión económica. La jubilación mínima ronda los 369.000 pesos, mientras que la canasta básica alcanza aproximadamente 1.800.000 pesos; para las personas mayores, la canasta puede ser aún más elevada por el costo de medicamentos, pañales, tratamientos y cuidados.

En el último año, más de 22.000 jubilados entraron al mercado laboral informal mediante changas, generalmente en condiciones precarias y bajo fuerte presión económica. La jubilación mínima ronda los 369.000 pesos, mientras que la canasta básica alcanza aproximadamente 1.800.000 pesos; para las personas mayores, la canasta puede ser aún más elevada por el costo de medicamentos, pañales, tratamientos y cuidados.

 

 

Cerca del 65% de los jubilados cobra el haber mínimo, que equivale aproximadamente a una cuarta parte de lo necesario para vivir dignamente.

La necesidad de seguir trabajando contradice el sentido de la jubilación, asociada originalmente al descanso, el disfrute y el júbilo. Muchas personas mayores buscan ingresos adicionales, pero también intentan evitar convertirse en una carga para sus hijos o familiares. La crisis salarial y el aumento del costo de vida reducen la capacidad de las familias para ayudarlas.

María del Carmen Ludi, licenciada y magíster en Trabajo Social, especialista en gerontología, docente e investigadora, durante una entrevista con el programa Ruido de Mate, que conducen Andrea Venturini, Marcelo Medina, Martín Echagüe y Julio Galera, se refirió a este tema y remarcó que “es un problema actual para quienes hoy están jubilados, pensionados, pero es un problema enorme, futuro, para quienes están envejeciendo”.

Hay, explicó, dos cuestiones a tener en cuenta. “Por un lado, la gran crisis del sistema previsional actual, que tiene que ver con la Caja de Jubilaciones de Entre Ríos, pero también con quienes pertenecemos a las cajas nacionales”.

Ludi fustigó “a este gobierno actual por su trato a las personas mayores, a los jubilados, que es de una crueldad que nunca habíamos visto, indiferencia, repudio y represión, porque no olvidemos que cada miércoles la marcha de los jubilados es reprimida”.

Ludi, además, dijo que “se observa el regreso de hijos y nietos a la vivienda de sus padres o abuelos, un fenómeno que ya se había manifestado durante crisis anteriores. Esto genera la llamada ‘generación sándwich’: adultos que deben atender simultáneamente a sus padres mayores, a sus propios hijos y a sus necesidades”.

Envejecimiento demográfico

El envejecimiento poblacional es una tendencia mundial. Argentina y Entre Ríos ya son sociedades envejecidas, pero ni los Estados ni la sociedad se prepararon adecuadamente para esta transformación. La longevidad creciente obliga a revisar el sistema previsional: después de los 60 años, una persona puede vivir hasta tres décadas, mientras que el recorrido habitual incluye formación hasta los 27 o 28 años, alrededor de 30 años de aportes y luego unos 20 años o más de jubilación.

La edad jubilatoria y las reglas previsionales “deben discutirse considerando el aumento de la expectativa de vida, pero esa discusión requiere políticas laborales, productivas y sociales que garanticen empleo registrado y aportes suficientes. La pérdida de empleos formales debilita la base financiera del sistema y reduce el acceso a obras sociales y coberturas de salud”.

Recortes

El desfinanciamiento estatal afecta especialmente a las políticas destinadas a las personas mayores. “En el PAMI se redujeron descuentos y coberturas de medicamentos, mientras que también se restringieron prestaciones para personas con enfermedades graves, discapacidad y otras necesidades. La provisión de pañales habría bajado de 120 a 90 unidades mensuales y se exige el Certificado Único de Discapacidad, confundiendo la incontinencia propia de algunas vejeces con una discapacidad y agregando estigmas al envejecimiento”, señaló Ludi.

El cuidado constituye “uno de los grandes problemas presentes y futuros”. En países centrales existen mayores niveles de protección social, pero en América Latina y otras regiones con menor desarrollo la atención depende cada vez más de familias con menos recursos, empleos informales y coberturas deficientes. Las obras sociales están vinculadas al trabajo registrado, mientras que las prepagas resultan inaccesibles para gran parte de la población.

Competencia laboral y desigualdad generacional

El trabajo de jubilados no impacta de la misma manera en todas las actividades. En sectores industriales o especializados, la experiencia y los conocimientos acumulados pueden ser valorados, y para las empresas contratar a una persona jubilada puede implicar menores costos. En la administración pública, en cambio, las posibilidades son menores.

La crisis del sistema previsional, los padecimientos de las personas mayores y la necesidad de los jubilados de seguir trabajando María del Carmen Ludi, especialista en gerontología.
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