Hay que valorar y respetar la vida en todas sus formas

La separación de los seres humanos respecto de la naturaleza genera una crisis ética que se expresa en la extinción de especies, la destrucción de hábitats y el cambio climático. La reflexión pertenece a Alejandro Giraudo, doctor en Ciencias Biológicas, para quien respetar la vida debe incluir tanto a las personas como a los demás animales.

“Matar fauna sin justificación o exhibirla como trofeo constituye una atrocidad”, dijo Alejandro Giraudo, doctor en Ciencias Biológicas, especialista en biogeografía, conservación zoológica y biodiversidad, durante una entrevista con el programa Ruido de Mate, que conducen Andrea Venturini, Marcelo Medina, Martín Echagüe y Julio Galera por Radio Costa Paraná (88.1). La conservación , remarcó, “exige reconstruir una relación responsable y constructiva con los ambientes naturales”.

Funciones ecológicas y especies nativas

El gato montés, explicó Giraudo, “es un mesodepredador que controla poblaciones de roedores y aves. Al regular roedores, contribuye indirectamente a reducir riesgos sanitarios, como la leptospirosis, relevante en Santa Fe y Entre Ríos. La sociedad depende de la naturaleza para la fertilidad del suelo, la madera, los alimentos y el ciclado de nutrientes; por eso no puede existir sin la diversidad de plantas y animales”.

Fauna exótica y caza

Los ciervos axis, jabalíes y otras especies fueron introducidos para cotos de caza, pero sus escapes favorecieron una reproducción descontrolada. “El axis, originario de Asia, carece en Entre Ríos de depredadores eficientes: aunque el puma ocasionalmente podría cazarlo, no regula sus poblaciones. Las manadas compiten con especies nativas como la corzuela o el guazuncho, desplazándolas y agravando la pérdida de biodiversidad. La introducción de especies exóticas es, después de la destrucción del hábitat y la sobreexplotación, uno de los principales factores de extinción”, subrayó, y señaló que la caza de estos ciervos exóticos puede habilitarse “bajo reglas de manejo”, mientras “la de especies autóctonas está prohibida o regulada” según la provincia.

Pérdida de hábitat y desequilibrios urbanos

Entre las especies amenazadas de Entre Ríos se mencionan al aguará-guazú y el cardenal amarillo, capturado para vivir en jaulas y desaparecido de amplias zonas, con poblaciones aisladas en la selva montielera. La expansión agrícola destruye bosques y pastizales nativos y seca humedales. “Mientras la mayoría de las especies disminuye, algunas oportunistas aumentan al aprovechar granos, residuos y alimentos urbanos: palomas, caranchos y tordos renegridos. Su abundancia refleja una alteración ambiental causada por actividades humanas”, explicó.

Convivencia y conservación

Los conflictos por los carpinchos , agregó, “surgen a menudo porque se urbanizan humedales y zonas inundables que constituyen su hábitat. En Esteros de Iberá, la convivencia tradicional entre personas y carpinchos muestra que el respeto y el conocimiento reducen conflictos. La reintroducción del yaguareté también evidencia que la fauna puede coexistir con comunidades humanas. El turismo de naturaleza ha generado empleos, capacitado guías locales y expandido alojamientos y servicios, demostrando que integrar población y conservación puede producir beneficios económicos. El mensaje central es valorar y respetar la vida en todas sus formas”, concluyó Giraudo.

Hay que valorar y respetar la vida en todas sus formas Alejandro Giraudo, doctor en Ciencias Biológicas.
🎵 ALEJANDRO GIRAUDO en Ruido de Mate⬇ Descargar