Fuertes cuestionamientos al modelo agroproductivo vigente

La nutricionista Glenda Mangia, integrante de la Fundación Cauce y coautora del informe El plato fumigado, explicó que el problema no depende únicamente de las características naturales de cada suelo, sino de un modelo agroproductivo extendido en Argentina y en el mundo. Este modelo depende intensivamente de pesticidas, utiliza cultivos genéticamente modificados y promueve el monocultivo.

La edición 2024 de El plato fumigado, elaborada por la nutricionista Glenda Mangia, junto con el abogado ambientalista Fernando Cabaleiro, sistematiza información de más de 6.000 muestras de alimentos analizadas por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). Estos controles oficiales determinan la presencia de plaguicidas y si sus concentraciones superan los límites permitidos.

Aunque Senasa publica los datos, su lenguaje técnico dificulta el acceso público; por eso el informe los traduce a explicaciones, gráficos y conclusiones comprensibles, incorporando además la perspectiva nutricional y sanitaria.

La principal advertencia, subrayó Mangia en declaraciones al programa Ruido de Mate, que conducen Andrea Venturini, Marcelo Medina, Martín Echagüe y Julio Galera por Radio Costa Paraná (88.1), es que “la contaminación no se limita a determinados productos: se detecta en una amplia variedad de alimentos, especialmente frutas, verduras, cereales y legumbres, pero también en productos ultraprocesados” porque “éstos se elaboran a partir de materias primas agrícolas y pueden incluir aditivos derivados de cultivos transgénicos, como la lecitina de soja. Por ello, no siempre es posible elegir alimentos convencionales menos contaminados simplemente observando las góndolas o las etiquetas”.

Efectos sobre la salud

Según un estudio dirigido por la investigadora del Conocet Virginia Aparicio, realizado con muestras de sangre, orina y materia fecal de personas –en su mayoría residentes del periurbano bonaerense–, “se hallaron niveles elevados de distintos herbicidas y fungicidas”. Los residuos ingeridos “circulan por el organismo, pueden acumularse principalmente en el tejido adiposo y entran en contacto con diversos tejidos antes de eliminarse por la orina y las heces. La exposición crónica se vincula con posibles alteraciones hormonales, distintos tipos de cáncer, mutaciones genéticas, problemas de fertilidad y abortos espontáneos”, agregó Mangia.

Alternativa agroecológica

Cauce promueve desde 2018 la agroecología como estrategia de protección ambiental y sanitaria. Este sistema evita los pesticidas sintéticos y emplea biopreparados o bioinsumos; mantiene la fertilidad y los microorganismos del suelo; respeta las temporadas; y combina cultivos que generan sinergias, incluso ayudándose a repeler plagas. La salud del suelo favorece alimentos con mayor valor nutricional y beneficios para los seres vivos, los ecosistemas y las personas.

Suelos degradados y políticas públicas

En la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, realizada en Mongolia, Mangia observó que “la degradación del suelo es un problema global y que la mayoría de los países no cumple adecuadamente los compromisos ni ejecuta los presupuestos acordados”. Argentina, precisó, “tiene seis metas pendientes de acciones concretas desde hace años”. Las organizaciones territoriales sostienen que “las experiencias agroecológicas y otras prácticas regenerativas ya ofrecen soluciones; el desafío es convertirlas en políticas de Estado y ampliarlas”.

Mangia también participa en debates sobre la alimentación escolar en Entre Ríos, cuestionando la provisión de ultraprocesados. Su trayectoria ambiental comenzó hace quince años en Ecoclubes, experiencia que considera fundamental para integrar hoy el activismo con su formación profesional en nutrición.

Fuertes cuestionamientos al modelo agroproductivo vigente Glenda Mangia, nutricionista.
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