Espiritualidad y convivencia: Paraná y el rol de la Mesa del Diálogo en el Día Mundial de la Oración
En el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Oración, el presbítero Carlos Cepeda brindó detalles sobre la espiritualidad contemporánea y el fortalecimiento de la Mesa del Diálogo Interreligioso en la capital entrerriana. Este espacio, que ha adquirido un carácter institucional bajo la gestión de la intendenta Rosario Romero, se fundamenta en el respeto mutuo y la búsqueda de valores compartidos para asistir a la sociedad.
La iniciativa de formalizar este intercambio tuvo como uno de sus motores principales a la comunidad judía, logrando congregar a la Iglesia Católica, a los credos islámicos -cuya presencia local se ha dinamizado por procesos migratorios vinculados a conflictos externos- y a las diversas vertientes del protestantismo.
En este último grupo, Cepeda distinguió entre las iglesias evangélicas históricas, como luteranos y metodistas, y el crecimiento de los movimientos evangélicos que presentan una fuerte impronta de la tradición estadounidense.
Según el presbítero, esta Mesa del Diálogo se sostiene sobre dos columnas vertebrales: el conocimiento recíproco entre las distintas confesiones y la voluntad de trabajar de forma conjunta en beneficios de la comunidad.
Si bien Paraná posee una «trayectoria de décadas en encuentros informales, como la semana de oración por la unidad de los cristianos en mayo», la actual institucionalización permite una labor «más orgánica y profunda», aseguró en diálogo con Ruido de Mate.
La plegaria como diálogo y refugio
Al reflexionar sobre el origen del Día Mundial de la Oración —surgido hace más de un siglo en los Estados Unidos—, Cepeda enfatizó que la esencia del rezo trasciende la mera solicitud de favores. Para el religioso, la oración es fundamentalmente un diálogo con Dios, una apertura a la relación espiritual que va más allá de pedir algo específico ante una necesidad urgente.
Frente a la tendencia social de recurrir a la fe únicamente en situaciones de crisis, desempleo o enfermedad, el sacerdote citó el conocido refrán: «En las trincheras no hay ateos». No obstante, aclaró que, aunque las dificultades suelen acercar a las personas a lo místico, también existe una gran cantidad de fieles que mantienen una práctica basada en el agradecimiento cotidiano.
Finalmente, Cepeda valoró la riqueza de la convivencia religiosa en Paraná, con la posibilidad de unión entre los diversos cultos como «una novedad» municipal que «fortalece el tejido social» de la ciudad. En un mundo complejo, la propuesta es que la oración «sea un puente de comunicación» y no solo un Wpedido desesperado en momentos de zozobra».