Entre la etnografía y el conflicto territorial: la resistencia campesina frente a las transnacionales
En una nueva edición del segmento «La Acadé», la doctora Luisina Gareis compartió los detalles de su trayectoria académica y los hallazgos de su investigación doctoral sobre la ruralidad y las juventudes en contextos de frontera.
Gareis, quien es doctora en Antropología por la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de Barcelona, docente, escritora y activista ambiental, explicó cómo la antropología permite entender los problemas sociales desde la perspectiva de quienes los viven.
Gareis relató que decidió estudiar antropología tras leer en su adolescencia un artículo sobre una investigadora que se inscribió en una academia de modelaje para estudiar ese mundo desde adentro.
Definida por este método de «observación participante» o «etnografía», la doctora explicó que la disciplina busca poner en diálogo la perspectiva de la alteridad con los conceptos teóricos propios.
«La etnografía para estudiar las relaciones humanas… lo que hace es decir bueno tenemos que estar inmersos en el grupo, meternos ahí adentro, uno más», señaló.
Formada en la Universidad Nacional de La Plata, destacó que allí la carrera se cursa en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo, lo que le brindó una visión integral que incluye la antropología biológica (adaptaciones al ambiente), la arqueología y la antropología social.
Posteriormente, en México, se especializó en antropología económica, centrada en los procesos de reproducción social y las formas en que la gente se gana la vida.
El impacto de Arauco en Misiones
Su investigación doctoral se centró en comunidades rurales del departamento Iguazú, en Misiones, específicamente en el pueblo de Puerto Libertad.
Allí analizó la relación entre las familias campesinas y la empresa transnacional de origen chileno Arauco S.A., que domina el 80% del territorio municipal. Gareis describió la situación de forma contundente: «A Puerto Libertad le llaman el corral de pinos porque… hacés 10 cuadras para allá y está rodeado de pinos».
Según la investigadora, la llegada de esta empresa en 1996 profundizó la lógica del agronegocio, que implica una integración vertical desde la plantación hasta la comercialización internacional de commodities. Detalló las consecuencias territoriales de esta producción:
- Pérdida de biodiversidad: El pino acidifica el suelo y donde se planta no crece nada más debajo.
- Desplazamiento laboral por tecnificación: Gareis explicó que la empresa introdujo una máquina que reemplaza a 80 trabajadores por uno solo. Esta máquina «te corta el pino, te lo limpia, te lo empaqueta… y hasta te saca el ticket de cuánto pesa ese camión».
- Diferencias de suelo: Aclaró que esta tecnología funciona en Misiones por su suelo rocoso, pero es difícil de aplicar en Entre Ríos o Corrientes, donde el terreno es más anegadizo y no ofrece buen apoyo.
La doctora documentó cómo la crisis de 2001 y los despidos masivos llevaron a familias y jóvenes organizados a realizar tomas de tierras a la empresa Arauco para producir alimentos de subsistencia como mandioca, maíz y animales de corral.
Durante su estancia de un año y medio en la provincia, Gareis colaboró con la comunidad realizando el informe socioeconómico necesario para un proyecto de ley de expropiación de tierras, proceso que aún continúa en conflicto judicial.
Respecto al discurso empresarial sobre la sustentabilidad y la venta de bonos de carbono, Gareis fue crítica al señalar que estos arreglos deben ser validados por los actores locales.
«El tema de la producción sustentable es: ¿sustentable para quién?», cuestionó, enfatizando que no debe ser solo rentable para las empresas, sino también para lo social y lo ambiental.
La realidad de Entre Ríos
Al ser consultada sobre su provincia natal, Gareis celebró la tradición de lucha ambiental entrerriana, mencionando hitos como la resistencia a Botnia, el rechazo al Paraná Medio y las recientes movilizaciones en Colón contra plantas de biocombustibles sintéticos.
«Somos un pueblo que lo hemos puesto en relevancia y hemos luchado», afirmó respecto al debate ambiental. Finalmente, lamentó la postura del actual gobierno nacional, mencionando que se ha prohibido a trabajadores de instituciones como el INTA hablar sobre el cambio climático.
Concluyó reafirmando la importancia de visibilizar la realidad ambiental que «está pegando en la cara» a través de inundaciones e incendios, y abogó por una producción que respete la licencia social y el diálogo entre todos los actores del territorio.