Emilia Delfino contó cómo es, qué piensa y cuál será el futuro político de La Generala

Victoria Villarruel legó a la política argentina para quedarse, se convirtió en una de las mejores voceras de la derecha conservadora y en Vicepresidente de la Nación. De ella y de cómo llego al poder, sin embargo, poco se sabe.

Emilia Delfino –periodista, redactora de elDiarioAR y autora del libro “La Generala”, la biografía no autorizada de la vicepresidente Villarruel– estuvo este jueves, y, en el marco de la Feria del Libro Paraná Lee, que se desarrolla en la Sala Mayo hasta el domingo, mantuvo una entrevista con el programa En El Dos Mil También, que conducen Antonio Tardelli, Sebastián Martínez y Juan Cruz Varela, por Radio Costa Paraná (88.1).

– ¿En qué momento pensaste que Villaruel era un personaje interesante para una biografía?

– Creo que el punto en donde la empecé a mirar con otros ojos fue el debate de los candidatos a vicepresidente, el debate con Agustín Rossi, en 2023.

Creo que ahí ella demuestra, primero, su gran destreza como oradora, como vocera, su agresividad como vocera también y buena polemista. En realidad ella ya lo había hecho, se había enfrentado a buenos oradores, pero había pasado más desapercibida y esa vez estaba en la escena nacional. En las grandes ligas.

En ese momento lo que vi  fue una persona mucho más compleja de lo que me imaginaba y empecé a prestarle más atención, y creo que todos empezamos o muchos de nosotros empezamos a prestarle más atención, a mirarla con más detenimiento.

– ¿Qué quiere decir más compleja de lo que pensabas?

– Villaruel es una mujer con muchas contradicciones, su gran virtud es la palabra, es la oratoria, es cómo usa las palabras como armas.

Ella, por ejemplo, aprendió a tirar con un arma de grande porque su papá, que era militar, no le quiso enseñar ni a manejar ni a tirar con un arma. Ella nunca aprendió a manejar pero sí aprendió a tirar, es una buena tiradora, y es mejor tiradora todavía con las palabras.

Y cuando uno empieza a hurgar en esa historia, hay muchas capas en la historia de Villaruel. Esa Villaruel que vemos hoy asociada a los militares acusados de delitos de lesa humanidad, a la defensa de la dictadura –porque ella era una niña, nació en el 75–, pero a la defensa de lo que pasó durante los 70, a la defensa de la mano dura, a las ideas del nacionalismo que siempre, sin embargo, aparece asociado a los liberales de la derecha, esa contradicción tan propia, tan íntima, del nacionalismo en Argentina.

Hay mucha complejidad en la historia familiar también.

– Viste el debate y le empezaste a prestar más atención al personaje. ¿Cuándo dijiste acá hay un libro?

– Más o menos al principio de todo, en abril de 2024, cuando hablando con Rodolfo González Arzac y Paula Pérez Alonso, de Planeta, empezamos a ver que coincidíamos todos en que acá había un libro, había una historia para contar.

– ¿Cuánto tiempo te llevó escribirlo?

– Un año.

– ¿Apareció ahora?

– Sí, en julio, está en librerías desde el 1 de julio.

– ¿Y cómo funciona en ventas en este mes y medio?

– Está muy bien, sí, la verdad que sí, está respondiendo muy bien.

– Pese a que es un personaje político que se apagó un poco, porque Milei relegó, la dejó en el Senado y quedó medio que para tocar la campanita.

– Pero ella no está paralizada, sigue ahí construyendo para sí misma y eso es lo que hace enojar tanto al Gobierno.

– ¿No es un enorme riesgo escribir la biografía de alguien cuyo rol protagónico está absolutamente vigente pero del que no sabemos qué será dentro de un año, o dos, o tres? ¿Qué hacemos con La Generala?

– Depende cómo lo vean. Hay mucha gente que dirá que no haya más Villaruel en la política, por las ideas que representa. Pero me parece que La Generala lo que hace es contar la historia de una vida y explicar cómo ella llega al lugar donde llegó y cómo es realmente esta persona con tanta ambición política, con tanta ambición de poder, que quiere quedarse en la política y en el poder.

– Cuando ella empezó con sus apariciones públicas, cuando asomó la cabeza para reivindicar a su manera el terrorismo de Estado, ¿ya había en ella una ambición política, ya había ahí un proyecto político?

– Sí, lo decía muy poco, no lo decía abiertamente en la televisión ni se mostraba como una posible o potencial candidata. Y, sin embargo, voy reconstruyendo con las entrevistas que ella ya hablaba de su ambición de ser diputada.

Creo que nunca se imaginó que iba a llegar a ser vicepresidenta de la Nación, pero su ambición era llegar a ser diputada, y lo logra en 2021 de la mano con Milei. Después viene lo inesperado para ella y para todos que es la Vicepresidencia de la Nación.

– Milei y Villarruel se pelean. Cuando Milei se pelea con alguien, intuitivamente le doy la razón a alguien, yo creo que la culpa siempre es de Milei. En la pelea Milei-Villarruel, ¿quién tiene la culpa?

– Creo que hay responsabilidad de las dos partes. Cuando ellos eran diputados tenían una muy buena relación, incluso hasta de cariño. Genuina, dicen los libertarios, sobre todo genuina por parte de Javier Milei. Dudan de Villarruel, pero creo que había un respeto mutuo, y de hecho Villarruel valoraba mucho la llegada directa que tenía a Milei. No tenía que pasar por Karina Milei, no tenía que pasar por ningún puente para llegar a Milei, ella hablaba directamente con el jefe de ese espacio.

– Todavía no era el pobre jamoncito.

– Todavía no era el pobre jamoncito, empezaba a vislumbrarse, pero ese pobre jamoncito no era un jamoncito pasivo, digamos, era un jamoncito que mediaba y administraba esa interna entre Victoria Villarruel y Karina Milei.

Entonces no es el jamoncito como quedó, me parece a mí, de los dichos de Villarruel en la entrevista con Jonatan Viale en marzo de 2024, sino alguien que trataba de manejar la relación con las dos y mantener a las dos cerca de él.

– Tengo la sensación de que esa expresión que generó tanto ruido no fue dicha con malicia, no fue dicha con mala intención.

– Tenés razón, porque además fue algo totalmente espontáneo, no estaba planificado. Ella no lo pensó, le salió del alma en el momento, y le tuvo que pedir perdón a Milei por esa frase.

– ¿Le tuvo que pedir perdón?

– Sí, él se lo exigió en privado y ella le tuvo que pedir disculpas. Él sintió que ella lo había disminuido como Presidente, que había afectado la institucionalidad de la figura presidencial que a veces parece que les importa, cuando conviene.

Pero fue un episodio que realmente habla mucho de Villarruel. Ella es así, es muy agresiva con las palabras, es muy agresiva con su humor. Es impulsiva también, como Milei, en eso se parecen, son muy impulsivos.

– ¿Pudiste hablar con ella en alguna oportunidad sobre el libro? ¿Pudiste entrevistarla?

– Yo empecé a pedirle entrevistas en septiembre de 2024, durante seis meses, aclarándole que estaba escribiendo un libro sobre ella, que era una biografía no autorizada, y que aun así quería hacerle preguntas, tener su versión sobre los hechos.

Ella decide no dar entrevista en on the record, pero me habilita un canal para poder intercambiar preguntas con ella, enviarle preguntas que me llegan, chequear información, chequear sus versiones sobre ciertos hechos, tener acceso a su entorno, porque ella elegía con quién de su entorno yo podía hablar y con quién no. Aunque fuera alguien que iba a hablar bien de Villarruel, tenía que pedir permiso.

– Es muy propio de la historia argentina esa alianza de liberales y nacionalistas católicos. Andan más o menos por el mismo barrio y se posicionan más o menos en los mismos lugares frente a determinados procesos históricos. Ahora, apenas uno raspa dice un liberal libertario, un anarco capitalista, tiene poco que ver con un nacionalista. Y un nacionalista católico tiene muy poco que ver con un sedicente libertario. Aunque la política argentina nos muestra todo el tiempo incongruencias de ese tipo, explicame esa sociedad.

– Es una sociedad de pura conveniencia, porque pareciera que el poder económico, que la pata económica que le permite a la derecha mantenerse y llegar al poder, viene del lado liberal, y las ideas políticas vienen supuestamente del otro lado, del lado más nacionalista.

Y con Villarruel pasa un poco eso. Villarruel no se hizo sola, ella nos dice que se hizo sola, pero detrás de Villarruel hay hombres muy poderosos que la bancaron en su carrera, que la financiaron, que la apoyaron, y, entre ellos, están hombres de ese sector del liberalismo, como, por ejemplo, el hijo de Martínez de Hoz. Si hay un emblema del liberalismo económico en Argentina de la época de los 70, es el ex ministro de Economía.

– Bueno, el gabinete de la dictadura militar estaba lleno de liberales –Martínez de Hoz, los hermanos Alemann– que convivían con una vertiente nacionalista que explota en Malvinas.

–Sí, y esa lógica se repite en la vida de ella. Después, siempre que buscó aliados para llegar a la política, eran liberales, siempre, de la pata económica liberal.

– ¿Por qué? ¿Lo hacía inconscientemente, intuitivamente, o era una decisión producto del cálculo, de la estrategia?

– Creo que tiene que ver con que es una persona muy contradictoria, que no ve esas contradicciones.

– ¿Es formada?

– Es muy formada en lo que tiene que ver con la historia de los 70, y la historia, sobre todo, de las organizaciones armadas de los años 70. Ella hizo un libro, “Los llaman jóvenes idealistas”, que es básicamente, para definirlo de una forma simple, un manual de inteligencia militar sobre las 17 organizaciones armadas que existieron en Argentina durante fines de los 60 y los 70.

– ¿Es muy católica?

– Es ultracatólica, y, además, es de una rama del catolicismo muy específica: el lefebvrismo.

No sé por qué –yo nunca había estado en contacto con lefebvristas–, pero les cuesta decir soy lefebvrista. Es como si fuera un secreto, que no es secreto, porque no es algo oculto.

Lo mismo que con el Opus Dei. Gente de la misma derecha católica me dice que los lefebvristas están a la derecha del Opus Dei.

Son muy conservadores, muy tradicionalistas. La misa es en latín, y así es como le gusta la misa a Villaruel, en latín, con el sacerdote de espaldas a la feligresía. Una misa muy ortodoxa, muy preconciliar, donde no hay bombo, no hay guitarra, no hay nada popular.

– La desconfianza de Milei en Villarruel, expresada en la idea de que puede haber una conspiración en marcha, ¿tiene fundamentos? ¿Podemos ver en Villarruel una, al menos, potencial conspiradora?

– Creo que ella nunca se lo planteó como una conspiración. Lo que quiere es construir para sí misma. Villarruel piensa en Villarruel. No hay lugar para otro líder, digamos.

Ella siempre, toda la vida, hizo su carrera para sí misma, pensó en sí misma, construyó para sí misma, y una vez que llegó al poder de la mano de Milei, dijo, bueno, ésta es mi oportunidad para crecer todavía más.

– ¿Hasta el punto de atentar contra su propio gobierno?

– Yo no he encontrado ningún indicio de que haya habido una conspiración de parte de Villarruel.

– Pero la política es dinámica, puede aparecer en cualquier momento.

– Puede aparecer, totalmente, porque ahora, aparte, la enemistad es tan clara y hay tanta bronca mutua. Hay mucho componente personal entre ellos.

– ¿Cómo convivirán estos dos años y medio?

– En en su espacio político me dicen que ella está viendo ahora dónde se reinserta políticamente, en qué espacio se va a empezar a construir como candidata.

– ¿Cuál es la relación hoy de Villarruel con Cecilia Pando?

– Muy mala. Ellas fueron amigas y Cecilia Pando fue muy importante en la carrera de Victoria Villarruel, sobre todo porque Cecilia Pando y su marido, Pedro Mercado, son quienes la introducen con este grupo de hombres del poder económico y la derecha, como Martínez de Hoz hijo, Vicente Massot, las familias Soldati, Pérez Alati, Grondona. Un montón de apellidos muy conectados económicamente de la derecha que apoyaron a Villarruel en su carrera, la financiaron, le abrieron un montón de puertas, a pesar de que ella no lo reconozca, diga que se abrió las puertas sola, pero existieron esos apoyos.

Y después esa relación con Pando y con su marido se rompe en mil pedazos, digamos, y es también una puerta que se cerró para siempre.

– ¿Ves posible una alianza táctica entre Villarruel y el peronismo ortodoxo?

– Hay pistas que nos está dando Villarruel que parecen ir para ese lado en algún sentido. Pero ella es muy cambiante, en el último año y medio cambió tres veces de equipo y tuvo ciatro manos derechas.

Entonces puede dar un giro en cualquier momento, pero hoy la están asesorando en política dos personas: Claudia Rucci y Mario “Pato” Russo.

– Tras haber estudiado el personaje, ¿qué dice tu intuición? ¿Cómo termina esta historia, este matrimonio desavenido?

–Emilio Viramonte Olmos, abogado cordobés que fue su jefe de asesores en el Senado durante un año aproximadamente y que es muy amigo de ella –hoy están distanciados porque Villarruel también por donde pasa deja muchas peleas, muchas enemistades–, me decía que no hay exactamente un lugar donde Villarruel se sienta cómoda del todo, ni en el peronismo conservador ortodoxo, ni en el PRO, ni en La Libertad Avanza.

Y a mí lo que me llama la atención es que ella no termina de encajar en ningún lado en la política, pero va a tener que buscar dónde encajar y va a tener que aprender a adaptarse a ese espacio para que no le pase lo mismo que con La Libertad Avanza.

Emilia Delfino contó cómo es, qué piensa y cuál será el futuro político de La Generala La Generala, la biografía no autorizada de Victoria Villarruel escrita por Emilia Delfino.
🎵 EMILIA DELFINO, En El Dos Mil También.⬇ Descargar