El universo literario de Yesenia Montes Ñaupa en la Feria Internacional del Libro

En el marco de la 50° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde Perú es el país invitado de honor, la escritora, psicóloga y mediadora de lectura Yesenia Montes Ñaupa compartió su historia y su labor fundamental en la preservación de las lenguas originarias. Su participación en la Feria buscan, en definitiva, que las voces de sus ancestros no solo se escuchen, sino que se valoren y se lean.

Formada en la Universidad Mayor de San Marcos, Montes Ñaupa lidera la asociación Puri Ninchik (que en quechua significa «nuestro caminar»), un proyecto que nació en Ayacucho llevando libros a los parques para fomentar la lectura, la escritura y la oralidad.

Yesenia relató con crudeza las dificultades de acceso a la educación en las provincias peruanas. Confesó que, al llegar a Lima para estudiar, descubrió que los libros que había leído en su colegio eran «copia de la copia de la copia», ediciones económicas e incompletas debido a la falta de recursos y de librerías en las zonas rurales.

«Me sentí como un poco estafada con mi propia educación», admitió sobre ese momento de «revancha» que la impulsó a enamorarse de los libros originales.

Su formación como lectora se forjó en el accidentado transporte público de Lima: «yo me volví lector en el bus ese fue mi espacio», recordó sobre las horas que pasaba viajando hacia la universidad.

Además, destacó el impacto que le causó descubrir las bibliotecas de «estantería abierta» en universidades privadas, un beneficio que la educación pública no garantizaba y que despertó en ella el sueño de crear espacios donde cualquier persona pudiera acceder a los libros de forma sencilla y gratuita.

La literatura cartonera y el puente del quechua

Montes Ñaupa llegó a la Argentina con libros cartoneros, un formato nacido precisamente en nuestro país, en los que publica literatura infantil bilingüe (quechua y castellano).

Explicó que el quechua -específicamente la variante chanca de la zona central- posee una sonoridad y acústica únicas que reflejan la naturaleza de los Andes.

Sobre su faceta como autora, reveló que empezó a escribir «jugando» al notar que no existía literatura infantil que permitiera cantar o reír en lenguas originarias, incluso tras 200 años de independencia de su país.

Su objetivo con estos libros-objeto es ambicioso y tierno a la vez: «yo la verdad empecé a escribir con un anhelo quería que los niños quisieran robarse mi libro… que es tan lindo que quisieran llevarse a su casa para compartirlo con sus familias».

Estos textos sirven también como un puente amigable para quienes desean acercarse al idioma por primera vez. Por eso, Yesenia citó al gestor cultural Alfredo Mírez para explicar la relación de los pueblos originarios con su entorno.

Afirmó que, para quienes viven en la ruralidad, la lectura va más allá del papel: «la tierra es el libro más antiguo del mundo. Los cielos son los libros esos papiros que no sabemos leer los que estamos en la ciudad».

Según la autora, los pueblos andinos saben interpretar el canto de los pájaros, el caminar de las hormigas y el movimiento de las nubes, una sabiduría que impregna toda su producción literaria.

Para ella, escribir para niños hoy es también un reencuentro con su propia «niña interior», aquella que no tuvo bibliotecas ni dinero para libros durante su infancia.

Recomendaciones y puentes culturales

Consultada sobre qué autores peruanos no pueden faltar en una biblioteca, Yesenia recomendó especialmente a Dina Ananco, una poeta wampis y aguajún de la selva peruana, enfatizando la importancia de visibilizar a los escritores independientes que ponen su voz en lenguas originarias.

Sobre sus lecturas personales más recientes, mencionó:

  • Adolfo Biengrich y sus fábulas quechuas.
  • José María Arguedas, con sus cantos y cuentos quechuas.
  • Karina Pacheco, recomendando especialmente su novela «La voluntad del moye».

Finalmente, Yesenia Montes Ñaupa invitó a los argentinos a visitar los Andes peruanos para conocer el cielo estrellado y las montañas, despidiéndose con la palabra «tupachicama».