El impacto de la inteligencia artificial en las tareas escolares

La inteligencia artificial no hará desaparecer las tareas escolares, pero obliga a revisar cómo se diseñan y evalúan. No debe plantearse principalmente como una herramienta buena o mala ni desde una perspectiva moral sobre si los estudiantes “copian”, sino preguntarse qué procesos de aprendizaje están delegando o reemplazando cuando la utilizan de manera irreflexiva. Bien empleada, puede ser muy útil; utilizada como respuesta automática, empobrece el aprendizaje.

Santiago Resett, doctor en Psicología y licenciado en Ciencias de la Educación e investigador en psicología y tecnología, durante una entrevista con el programa Ruido de Mate, que conducen Andrea Venturini, Marcelo Medina, Martín Echagüe y Julio Galera por Radio Costa Paraná (88.1), explicó que en niños de entre 5 y 9 años “debería evitarse el uso directo” de la inteligencia artificial “porque primero necesitan desarrollar habilidades básicas como la lectura, la escritura, la memoria de trabajo, la creatividad, la reflexión y la capacidad de formular respuestas propias”.
“Resolver una consigna sencilla, como redactar oraciones sobre animales, implica seleccionar ideas, organizar el lenguaje y pensar; si la herramienta realiza esas operaciones antes de que el niño las aprenda, se produce una sustitución cognitiva perjudicial. La calculadora ofrece una analogía: primero deben aprenderse los números y los procedimientos, y luego utilizar herramientas de apoyo”, remarcó.
Entre los 10 y 12 años, en tanto, “puede enseñarse un uso crítico y supervisado. El estudiante debería escribir primero su propia explicación —por ejemplo, sobre la fotosíntesis— y después pedir a la inteligencia artificial que señale conceptos faltantes, detecte errores o critique el texto. También puede utilizarse como un ‘sparring’ intelectual: solicitarle que evalúe un argumento desde la perspectiva de un experto, comparar respuestas o explorar cómo cambia el resultado al formular mejores instrucciones. Es fundamental enseñar que sus respuestas pueden ser incorrectas y deben verificarse”.
Cambios en la evaluación
Los docentes no deberían limitarse a evaluar el producto final, porque un texto generado por inteligencia artificial puede parecer correcto sin reflejar comprensión. “Deben evaluar el proceso mediante preguntas orales, explicaciones con palabras propias, borradores, tareas realizadas en clase, debates, defensas de distintas posiciones y actividades que exijan argumentar, aplicar conceptos y confrontar ideas. Pedir al alumno que explique su trabajo permite detectar rápidamente si realmente comprende lo que presentó”, agregó Resett.
El uso acrítico también revela falta de revisión: muchos estudiantes incorporan literalmente respuestas erróneas o instrucciones ocultas generadas por la herramienta sin advertir que carecen de sentido. El problema no es únicamente ético, sino cognitivo: ni siquiera contrastan ni procesan la información.
Finalidad de la escuela
El desafío central, según la mirada de Resett, “no es la inteligencia artificial, sino que la escuela continúa funcionando en muchos aspectos con modelos de hace décadas, aunque la sociedad haya cambiado. Es necesario recuperar y redefinir su propósito: no asistir únicamente para obtener un título, sino para aprender a pensar, cuestionar, evaluar información y desenvolverse críticamente en un mundo cambiante. La enseñanza debe ser más creativa, práctica y científicamente significativa, y aprovechar la tecnología sin permitir que sustituya la reflexión. Delegar ciertos procesos cognitivos puede ser válido; el riesgo aparece cuando la herramienta reemplaza la capacidad de pensar”, cerró Resett.

El impacto de la inteligencia artificial en las tareas escolares Santiago Resett, doctor en Psicología y licenciado en Ciencias de la Educación.
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