El día a día de una facultad en tiempos de desfinanciamiento universitario
Mientras el Senado aprobó la ley de financiamiento universitarito –que seguramente será vetada por el presidente Javier Milei–, el decano de Ciencias Económicas, Sebastián Pérez, contó cómo es administrar una facultad cuando la plata no alcanza.
El Senado de la Nación, con 58 votos a favor, 10 en contra y 3 abstenciones, sancionó la ley que blinda los presupuestos universitarios. El Poder Ejecutivo, naturalmente, prepara un veto.
El proyecto impone actualizaciones por lo perdido en 2024 y lo que va de 2025, además de establecer una convocatoria obligatoria a paritarias.
Sebastián Pérez, el decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), durante una entrevista con el programa En El Dos Mil También, que conducen Antonio Tardelli, Sebastián Martínez y Juan Cuz Varela por Radio Costa Paraná (88.1), precisó que esta ley de financiamiento universitario “tiene no solamente una recomposición salarial sino también el llamado inmediato a paritarias, actualizar los gastos de funcionamiento que también han tenido una merma muy importante, una convocatoria a un financiamiento específico de carreras estratégicas, un fondo para becas universitarias, y en el ámbito nuestro de la universidad, bueno, todo eso volcado a más o menos el 1.5, casi el 2% de lo que representa el presupuesto de la UNER en todo ese presupuesto universitario”.
Pérez admitió que “sabemos, por las palabras del Presidente, que (la ley) va a ser vetada, pero si no fuera vetada o si se pusiera en práctica la ley después de promulgada y no fuera vetada, hay una recomposición salarial que es sumamente necesaria, por eso el paro de estos días y todas las acciones que se han iniciado a partir de diciembre del año 2023. Hay un gasto en funcionamiento, o una inversión en funcionamiento, se le llama gasto por el tema presupuestario, pero nosotros entendemos que es inversión, que ha mermado, que las actualizaciones que ha dado arbitrariamente el Estado nunca llegan a recomponer la inflación, en casi ninguno de los casos de las partidas que se han enviado. Entonces lo más poquito que sea para las unidades académicas como la nuestra, es más dinero para poder pagar la luz, para poder tener los fibrones, los pizarrones, la limpieza de las aulas, el mantenimiento. La verdad es que para nosotros es muy importante porque la inversión en gastos de funcionamiento de las facultades y las universidades ha –mermado muchísimo”.
– Uno sabe que el presupuesto universitario siempre es exiguo, pero además debe ser tremendamente rígido. Me imagino que no hay margen para recortar, yo supongo que el gasto fijo, el operativo y los salarios se llevan cuánto del total de las partidas.
– Salarios se lleva cerca del 90% y el 10% el resto. Después hay programas fuera del presupuesto: investigación, inversión, tecnología.
Hay programas específicos que siempre aumentaban la investigación y la extensión que han desaparecido directamente. La obra pública universitaria necesaria para la expansión ha desaparecido. Había un programa muy interesante del gobierno anterior que era Construir Ciencia, que era para generar inmuebles afectados a la investigación universitaria.
Nuestra universidad estaba detrás de dos proyectos que quedaron ahí truncos lamentablemente y todo eso se vio afectado.
Las facultades más chicas, como las nuestras, cumplimos un rol en cada ciudad donde estamos de contener a chicos y chicas, a gurises, de nuestra provincia para que no se vayan a otra provincia, que no tengan que hacer más de 100 kilómetros para poder estudiar una carrera universitaria.
Algunas facultades como la nuestra tenemos la posibilidad de generar algún ingreso extra con los convenios con empresas y con el Estado mismo en sus distintos órdenes, municipal, provincial y nacional, de algún trabajo de investigación, algún trabajo técnico, que genera algún recurso que es muy mínimo. Pero ese recurso muy mínimo fue el que el año pasado nos ayudó a sostener la estructura del edificio de la Facultad de Ciencias Económicas, y también este año.
Pero si fuera solamente por el presupuesto asignado a la universidad y en particular a la facultad no hay margen de maniobra para absolutamente casi nada.
– ¿Cuál ha sido el impacto dentro de una facultad como la suya de esto que viene a recomponer la ley de financiamiento universitario?
– Hay menos becas y los importes son irrisorios, que es lo primero que afecta directamente al estudiante.
Y con respecto a la valoración que nosotros hacemos desde la dirección es que los docentes y las docentes prefieren cualquier otra oferta de trabajo a estar en la facultad. Porque hace poquito, engañosamente, el Gobierno nacional decía no, “nosotros seguimos pagando la misma cantidad de sueldos, no se fue nadie de la universidad”. Es verdad, pero se nos van los profes más calificados, los de 20 años de antigüedad, que tienen experiencia de 20 años, formación de la universidad, inversiones en posgrados, posdoctorados, capacitaciones, esas personas se van a trabajar a otro lugar, ya no a la docencia universitaria, e ingresa un joven profesional, como todos ingresamos, que tiene mucho entusiasmo, muchas ganas, pero no tiene la expertise que tiene esa inversión que se hizo en 20 años dentro de la facultad.
– ¿En Paraná hay un mercado, un sector privado, que tienta a un docente de la Facultad de Ciencias Económicas para dejar la cátedra e ir a trabajar ahí?
– Y particularmente en nuestra facultad sí, porque muchos docentes de la facultad tienen su estudio privado, contable, asesores en economía, en administración, y, obviamente, el tiempo y la pasión que le dedicamos a tres clases semanales aquí en la facultad, la remuneración que se percibe por ese cargo docente, no se equipara quizás con llevar adelante la actividad privada. Y ahí es donde se nos van profesionales que no queremos que se nos vayan por todo lo que aportan a la formación de tantos estudiantes.
– ¿Y en números lo tienen medido eso dentro de la facultad?
– Yo identifico, desde junio de 2024 a la fecha, siete casos de docentes, pero pueden ser más.
– ¿Tiene algún otro ejemplo práctico, cuasi doméstico, que nos permita entender la situación de desfinanciamiento que vive una facultad como la que usted dirige?
– Más o menos lo que venimos hablando. Menores importes de becas, menos material, menos mantenimiento de los equipos de computación de la facultad. Nosotros tenemos dos gabinetes amplios de 40 equipos cada uno, y hoy reparar o volver a comprar equipamiento se nos hace casi imposible.
Y en lo más doméstico tiene que ver con los productos de limpieza, productos de aseo, con la compra de libros en biblioteca, todo eso se ve afectado de manera muy tangible.
– ¿Y lo salarial?
– Un docente inicial, alguien que se inicia como auxiliar docente, empieza cobrando 200 mil pesos en un cargo por estar en dos clases semanales, con toda la preparación de la clase, el post, la clase en sí misma, con todo el trabajo docente, evaluatorio, la demanda del campo virtual, todo el trabajo que se le pide al docente por esa remuneración. Después la antigüedad, obviamente, va incrementando, pero en muy poca proporción ese salario.
Sebastián Pérez, decano de la Facultad de Ciencias Económicas.