El año de Selva Almada
Los entrerrianos pueden decir, con orgullo, que una de las escritoras contemporáneas más relevantes de la Argentina, Selva Almada, nació en esta tierra, en la bella Villa Elisa. Ha escrito una trilogía de novelas que la ha consolidado de una manera contundente en la narrativa, con un tono singular y muy fuerte del Litoral, y, además, ha logrado, desde hace un tiempo pero sobre todo en este 2024, una trascendencia internacional impresionante.
Selva Almada se formó en universidades públicas entrerrianas, primero en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER, y, luego, en el Profesorado de Literatura de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader, al que llegó por sugerencia del periodista Guillermo Alfieri, quien captó su talento para la escritura. Después dejó la provincia y se mudó a Buenos Aires en donde comienza su formación como narradora que se afianzó de la mano de Alberto Laiseca.
Almada está este viernes en Paraná participando de dos actividades en el marco de la sexta edición del Festival Internacional de Cine de Entre Ríos (Ficer). Primero acompañando la proyección de la película El viento que arrasa, de Paula Hernández, basada en uno de sus libros, y, después, en Paisaje Litoral Expandido, leyendo textos, junto a Belén Zavallo, Imanol Hammurabi y Mara Rodríguez
Unas horas antes, Almada dialogó con el programa Las Ruinas Circulares, que conduce Florencia Gómez por Radio Costa Paraná (88.1), contó que 2024 fue “un año intenso, de muchos viajes, y la nominación al Booker Prize que fue súper importante me dejaron muy contenta”.
La escritora valoró y ponderó a Charco Press, la editorial que tradujo al inglés su libro No es un río, porque “viene haciendo un trabajo enorme con muchas autoras argentinas y muchos autores argentinos –su editora es una argentina que vive hace más de 20 años en Edimburgo– y otros colegas latinoamericanos para difundir la literatura latinoamericana en el Reino Unido, y eso posibilita la circulación por otros países, como China y Japón”.
– Este 2024 ha sido un gran año para vos como escritora, y, a la vez, un año en donde hemos visto un bastardeo tan enorme para con la cultura en general.
– Fue un año que empezó, bueno, el 10 de diciembre de 2023 con la cultura puesta en la mira del nuevo gobierno y, la verdad, es que quienes trabajamos con libros, o con películas, o con el teatro, hemos estado todo el año campeando los temporales. Y, como frutilla de esta torta siniestra, pasó este intento de censurar libros de escritoras amigas, como el caso de Dolores Reyes y Gabriela Cabezón Cámara.
Pero hubo una cal y otra de arena porque así como sucedió esto, Gabriela ganó el premio Sor Juana Inés de la Cruz, y la gente corrió a comprar el libro de Dolores sin saber de qué se trataba.
Tuvimos que estar todo el tiempo en guardia viendo de dónde iban a venir los ataques, pero aun así seguimos adelante, trabajando, escribiendo otros libros. Y eso es lo que tenemos que hacer porque, a veces, tantos dardos de todos lados te paralizan.
– ¿Estás escribiendo actualmente?
– Sí, estoy con una novela empezada, que me gustaría tener más adelantada, pero como ha sido un año particular con estas cosas, ahora, en el verano, espero poder dedicar gran parte del día a terminarla porque la quiero publicar el año que viene.
– Y también mantenés estas columnas, domingo por medio, en Perfil.
– Sí, ya hace varios años. Ahí tengo un tema con la extensión porque son textos breves, en donde empiezo a contar una cosa y cando quiero empezar otra se me terminó el espacio, pero me gusta lo que genera en la gente.
Son 3.500 caracteres con espacios por lo que son relatos muy breves, como una especie de instantáneas, pero a mí me divierte mucho escribirlas y es como un ejercicio de escritura, y está bueno porque muchos las leen, me escriben y me las comentan. Eso me alegra.
– Has escrito novelas muy tremendas. Leí las tres en la secuencia –El viento que arrasa, Ladrilleros y No es un río– y generaste un tono, para mí, muy singular, muy propio, y le encontraste el tono a los vínculos entre varones. ¿Trabajás mucho el tono de tu escritura?
– Es lo que más trabajo, lo que más me cuesta, y en lo que más insisto hasta que lo encuentro. Soy media obsesiva en ese sentido y no puedo seguir adelante si siento que todavía no encontré ese tono, o esa música, o esa voz, como decimos, del texto.
Y eso, para mí, debe aparecer en las primeras líneas, en las primera páginas. A veces aparece rápidamente y a veces no, y hay que trabajar y buscar y probar varias maneras de entrar a una escena hasta que quedo conforme y digo por acá va. Pero me resulta muy difícil seguir adelante.
A mí me gusta mucho construir los personajes y cómo esa construcción se va ramificando en los otros personajes, qué es lo que va a tener en común un personaje con el otro, cuáles van a ser los conflictos.
Y las tres novelas se basan en eso, en cómo se construyen los vínculos, esos lazos, entre los varones, y cómo esas relaciones afectan al mundo que los rodea.
– ¿Cambiás el eje en la próxima novela?
– Sí. La protagonista es una mujer y eso ya cambia bastante porque en las otras novelas son los varones los protagonistas. Acá son una mujer y una casta las protagonistas por lo que sí va a ser distinta, aunque el universo no cambia tanto porque buena parte de la novela pasa en un campo de una provincia.
La protagonista es una mujer de Buenos Aires por lo que también va a aparecer el paisaje de la ciudad, algo que no había ocurrido en las otras novelas.
– ¿Qué estás leyendo?
– Siempre leo varias cosas a la vez, y también abandono varias cosas a la vez.
Ahora estoy leyendo Diario de una soledad, de May Sarton, y recién compré –y apenas leí una página– La dificultad del fantasma, de Leila Guerriero. Y empecé una novela de una autora sueca, cuyo nombre no voy a poder pronunciar (Vigdis Hjorth), que se llama ¿Ha muerto mamá?
Selva Almada, de Villa Elisa al mundo.