Dos miradas sobre cómo incide en la psicología colectiva una derrota deportiva
El fenómeno colectivo del Mundial revela tanto fortalezas como carencias en la identidad y cohesión social, ofreciendo una oportunidad para reflexionar y mejorar la forma en que se viven y procesan los grandes eventos colectivos. Valorar el proceso y los logros parciales, salir de la lógica binaria y aceptar la complejidad de la realidad son algunas claves.
La experiencia emocional colectiva tras un evento deportivo importante, como el recientemente finalizado Campeonato Mundial de Fútbol, ofrece oportunidades de aprendizaje sobre la gestión de la frustración y la valoración de los logros. Esa fue la primera lectura que dio, tras la derrota de Argentina ante España (0-1) el psicólogo Sebastián Sigal, durante una entrevista con el programa Ruido de Mate, que conducen Andrea Venturini, Marcelo Medina, Martín Echgüe y Julio Galera por Radio Costa Paraná (88.1).
Para el profesional “es fundamental evitar una interpretación binaria de los resultados (éxito-fracaso, ganar-perder) y reconocer la existencia de matices y aprendizajes en el proceso”. Valorar el segundo lugar “implica reconocer el esfuerzo y el recorrido, no sólo el resultado final
Adoptar una perspectiva más compleja y realista permite capitalizar experiencias y evitar la trampa del “todo o nada”.
Frustración y aprendizaje
La frustración, lejos de ser únicamente negativa, “puede convertirse en una fuente de crecimiento personal y colectivo” porque “enseña a aceptar que la vida y el deporte implican altibajos y zonas grises, donde el esfuerzo no siempre se traduce en el resultado esperado”, remarcó.
Aprender a gestionar la frustración, además, “implica aceptar la existencia de variables fuera de nuestro control, entender que el esfuerzo no garantiza el éxito y desarrollar resiliencia ante la adversidad. Quienes logran capitalizar la frustración pueden crecer y aprender; quienes no, permanecen en una visión negativa que limita el desarrollo”.
Influencia de los medios
Los medios de comunicación, tanto tradicionales como digitales, “tienden a reforzar la visión dicotómica de triunfo o derrota, exacerbando la polarización emocional. Esta simplificación puede dificultar una valoración equilibrada de los logros y alimentar la crítica destructiva en redes sociales, especialmente cuando la frustración no se procesa adecuadamente. En contextos de masa, como el Mundial, emergen fenómenos de psicología colectiva donde las conductas y emociones individuales se ven amplificadas, generando sentimientos de pertenencia, patriotismo y conductas grupales que difieren del comportamiento individual”.
Patriotismo y transformación social temporal
Durante eventos deportivos de gran escala, se observa una intensificación del sentimiento patriótico y de las causas nacionales, que suelen permanecer latentes o apagadas en la vida cotidiana. Este fenómeno, según Sigal, revela “una carencia de cohesión o identificación nacional fuera de estos eventos, lo que puede indicar una necesidad insatisfecha en la sociedad de canalizar emociones y sentido de pertenencia”, agregó el profesional.
El resultado de un esfuerzo, enfatizó, “no depende exclusivamente del trabajo realizado; intervienen múltiples factores como el talento, el azar y variables externas fuera del control individual o colectivo. Reconocer esta realidad es parte del aprendizaje y ayuda a mitigar la angustia que genera la falta de control sobre los resultados. La aceptación de la incertidumbre y la multiplicidad de factores contribuye a una visión más saludable y realista del éxito y el fracaso”.
Procesamiento del duelo
La intensidad de la reacción emocional ante la derrota varía entre individuos. “Para quienes experimentan la pérdida como un duelo, es necesario un tiempo de procesamiento antes de rearmarse emocionalmente. Otros pueden continuar con normalidad. Buscar rápidamente nuevos objetivos puede ser una estrategia para algunos, pero no es imprescindible ni universal; el procesamiento emocional requiere tiempos y formas diferentes según la persona”, cerró Sigal.
Otra mirada
Mientras, el psicólogo Adriel Levy, durante una entrevista con el programa Malos Perdedores, que conducen Exequiel Flesler, Analía Winkelmann e Ignacio Koonrstra por Radop Costa Paraná (88.1), también brindó su mirada tras la derrota deportiva de este domingo.
El rendimiento deportivo óptimo, explicó, requiere el desarrollo equilibrado de cuatro áreas: técnica, táctica, física y psicológica, y precisó que la psicología deportiva “es tan fundamental como las demás” dado que “sin un adecuado trabajo mental, el deportista no puede gestionar eficazmente la concentración, la autoconfianza, la regulación emocional, la competitividad ni la capacidad de replanificar estrategias durante la competencia. El entrenamiento psicológico proporciona herramientas específicas para afrontar la presión, gestionar pensamientos y emociones, y mantener un nivel emocional óptimo para el rendimiento”.
Características de los equipos exitosos
Los equipos exitosos, añadió el profesional, se distinguen por una identidad clara, formas de trabajo definidas y una cultura de manejo interno de conflictos. “La gestión del ego es clave: se valora el ego como motor de confianza y rendimiento, siempre subordinado al interés colectivo y evitando el egoísmo. La competencia interna es sana y fomenta la mejora individual sin perjudicar la cohesión grupal. Se priorizan valores como el respeto, la educación, la humildad ante el rival y la prensa, y la mentalidad ganadora. Estos valores, si se trasladaran a la sociedad, mejorarían la convivencia y el funcionamiento de los grupos”.
El psicólogo deportivo interviene “para potenciar la gestión emocional, la autoconfianza, la concentración y la resiliencia ante la adversidad. Ayuda a los deportistas a aprender a ganar y perder, a regular la presión y a transformar la experiencia en aprendizaje. El trabajo psicológico es un proceso metódico, comparable al entrenamiento físico, y permite desarrollar habilidades mentales que marcan la diferencia en la alta competencia”, argumentó.
Para Levy, el equipo argentino mostró “signos de agotamiento mental y físico”, especialmente “tras una semifinal de alta carga emocional”. La relajación posterior a un logro importante puede afectar el rendimiento inmediato. La acumulación de partidos exigentes y la presión histórica influyeron en el desempeño, sumado al enfrentamiento con “un rival fuerte y en mejor estado físico”.
No obstante, el recorrido hasta la final “debe ser valorado, ya que llegar a esa instancia es excepcional y poco frecuente”.
Scaloni y Messi
Levy, además, ponderó al director técnico Lionel Scaloni “por su sentido común, su cercanía con los jugadores, su buena lectura táctica y su firmeza en la toma de decisiones, como realizar cambios estratégicos en momentos clave. Su gestión ha sido fundamental para el éxito sosenido del equipo argentino”.
Messi, por su parte, se distinguió “por su altísimo nivel de confianza, personalidad y determinación. Desde sus inicios en la selección, asumió el liderazgo, siendo referente para sus compañeros. Su liderazgo es horizontal, hace sentir importantes a todos y eleva el rendimiento colectivo. Su competitividad es excepcional y su capacidad de soportar la presión y asumir responsabilidades lo convierte en un modelo de liderazgo deportivo”.
La tristeza y desolación, tras la victoria española, no pudieron disimularse.