Diego Bustamante, entrerriano por adopción, contó sobre la ONG que creó y asiste a un millar de niños de pueblos originarios
“Pata Pila” es el nombre de una asociación civil que promueve el desarrollo sustentable de comunidades de pueblos originarios en el norte de Argentina y lucha contra la desnutrición infantil en 70 comunidades ubicadas en Salta. Su fundador es Diego Bustamante, un joven que vivía en el barrio porteño de Recoleta, donde se dedicaba a la actuación y que actualmente reside en Gualeguay, con siete hermanos que adoptó tras su paso por Santiago del Estero. Anteriormente vivió en Salta, dentro del radio de las comunidades. Regresó a Entre Ríos, donde había llegado tras recibirse de ingeniero agrónomo. Reside en esta provincia pero mantiene vínculos presenciales con la ONG que asiste a más de mil chicos del norte argentino y de otras regiones. “Nos pusimos a trabajar, cansados de ver la realidad que experimentan las familias del norte de Salta, propiamente hablando de las comunidades originarias, las etnias wichí y guaraní, que están muy por debajo de la pobreza que existe en el resto del país. Criticar al gobierno y quejarse no va a cambiar la realidad; hay que poner el cuerpo y aportar”, reflexionó en diálogo con radio “Costa Paraná”.
Bustamante comenzó a hacer trabajos sociales junto a frailes y hermanos franciscanos, y ahora lleva adelante, junto a 70 integrantes, la ONG “Pata Pila”, que se presenta como una asociación civil franciscana, pero que no realiza tareas de pastoral sino de asistencia integral.
El profesional entrevistado contó que había ido a vivir al norte argentino “para conocer la dinámica cultural y así saber qué accesos hay de oportunidades para las comunidades, qué puentes hay que tender y, más que nada, armar un equipo de profesionales”. Al respecto agregó: “somos como 70 personas que trabajamos en la organización, sobre todo haciendo un seguimiento de los chicos con desnutrición”. En ese sentido dijo que “todas las semanas se hace un seguimiento en sus comunidades o en los centros (de la ONG) con un equipo interdisciplinario profesional, sobre todo haciendo una articulación de la madre con el hospital, con la municipalidad, con Anses”. “Es decir -continuó- que se hace un acompañamiento integral, pero con el foco en que el niño que hoy está desnutrido que se recupere y se pueda sostener con un nivel de crecimiento acorde a su edad”.
Bustamante dijo que la situación en el norte argentino “es compleja” por diversos motivos, entre los cuales está “el avance de la frontera agropecuaria, con el desplazamiento de las comunidades, con el incumplimiento sideral y literal de leyes nacionales y provinciales que hablan de interculturalidad, del cuidado de las comunidades, que están corridas, como si fuera un gran zoológico, donde no tienen agua potable, no tienen caminos”. En ese punto dijo que no todas las comunidades están en esa situación, pero sí las que “se extienden 500 ó 600 metros a la redonda, en los departamentos Rivadavia, Banda Norte y Banda Sur de la provincia de Salta, en la frontera con Formosa, con Paraguay y Bolivia”.
El actor y militante social dijo que en ese radio hay unas 300 comunidades, pero que Patapila acompaña a 70 de ellas. “Nosotros tratamos de llegar a comunidades donde al hospital le cuesta un poco más llegar, y para eso tenemos cuatro camionetas”, agregó.
“Falta un abordaje mucho más serio e integral por parte de la política, eso es seguro”, advirtió.
Motivado por una pregunta, el activista social contó su derrotero que lo llevó de vivir en Recoleta, el sector más privilegiado de Buenos Aires, a radicarse en Gualeguay, para ejercer su profesión de ingeniero agrónomo. Luego se fue a Santiago del Estero, donde adoptó a 7 hermanos, tras lo cual fue a Salta a armar el proyecto de Patapilas, que actualmente atiende en Salta, Mendoza y Buenos Aires. “Pero ahora que la justicia me entregó la tutela de los chicos tomé la decisión de volver a Gualeguay porque sabía que acá le iba a poder dar muchas más oportunidades que en el norte del país”, afirmó.
Sobre los chicos adoptados dijo que son seis varones y una mujer, hermanos que vivían junto a sus padres en la provincia santiagueña de Añatuya. Así contó cómo fue el proceso de adopción: “Después que la Justicia determinó que los padres no estaban pudiendo acompañarlos y después de un par de años de acompañarlos yo en el hogar, tomé la decisión de ofrecerme y ofrecerles si querían vivir conmigo y ser una familia, que eso también iba a ser un proceso de cambio para ellos y también para mi porque yo estaba viviendo en Salta. Así que agarramos cada uno un poco sus cosas y nos vinimos a Gualeguay para emprender el proyecto de constituirnos acá, de ir a la escuela, y poco a poco nos fuimos integrando. La verdad es que la sociedad entrerriana en general, pero la de Gualeguay en particular, es gente muy, muy buena y a nosotros nos recibieron muy bien desde el día uno”.
Contó que los siete chicos están escolarizados, algunos en la escuela primaria, otros en la secundaria, que el mayor incluso tiene trabajo, que van a un club los fines de semanas, con entrenamientos durante la semana y que recibe la ayuda de una señora en la casa porque por la actividad en el norte debe viajar periódicamente a algunas de las provincias o la capital argentina donde funciona la ONG.
Se le preguntó cómo se arregla con los gastos y si recibe ayuda. “Nosotros en Pata Pila, las 70 personas, tenemos honorarios porque conseguimos recursos a través de padrinos que ponen todos los meses plata por débito automático a través de la tarjeta; empresas que financian algunos proyectos anuales, tenemos y buscamos constantemente cooperación internacional y a veces, cada tanto, hemos tenido algún financiamiento del Ministerio de Desarrollo pero para algunos proyectos puntuales, para alguna ciudad”, contestó.
La ONG tiene una página web que es www.patapila.org.
Diego Bustamante, junto a su familia que adoptó en Santiago del Estero.