Desde Suma de Voluntades hicieron una radiografía de la situación social en Paraná
Durante la temporada invernal aumenta significativamente la cantidad de personas que solicitan asistencia en comedores, recorridas y refugios, así como la demanda de ropa de abrigo y frazadas. La problemática de las personas en situación de calle es compleja y no se resuelve únicamente con brindar un techo, ya que muchas presentan trastornos psiquiátricos o problemas de adicciones, lo que dificulta la permanencia en refugios o viviendas temporales.
Anabella Albornoz, referente de Suma de Voluntades, durante una entrevista con el programa Buen Sía, que conducen Carlos Matteoda, Alejandro Abero y Marta Segovia, por Radio Costa Paraná, describió la situación que atraviesan los sectores más vulnerables de la ciudad.
El inverno, dijo Albornoz, “es una de las etapas del año más críticas respecto a la asistencia, porque sube exponencialmente la cantidad de gente que suele ir a pedir comida los dispositivos –sea en los comedores o en las recorridas– y también la demanda de ropa de abrigo y de frazadas”.
Lo más preocupante, en ese marcom “son las personas que están en situación de calle, porque es muy difícil abordar la la situación porque no solamente se soluciona con un techo, sino que muchas de las personas son pacientes psiquiátricos, o tienen problemas de adicciones, y no pueden sostener la habitabilidad. Por eso, tal vez un día pueden dormir en refugio, pueden dormir en la casa de un familiar o un amigo, pero no pueden sostener debido a las diferentes problemáticas que tiene cada uno”.
“Nosotros tratamos de acompañar, siempre llevando un plato de comida caliente, un abrigo, pero eso no es suficiente para poder abordar esta situación. Se necesitan otros factores para poder trabajar”, agregó.
Evolución de la asistencia alimentaria*
En el último mes, Suma de Voluntades garantizó más de 12.400 platos de comida y 5.400 tazas de leche, distribuyendo desayuno, merienda y cena diariamente.
La demanda de alimentos no sólo proviene de personas en situación de calle, sino también de trabajadores informales, cartoneros, jubilados y familias que no logran cubrir sus necesidades básicas, especialmente hacia la segunda mitad del mes cuando se agotan los recursos económicos. La demanda se mantiene alta y, en ocasiones, los voluntarios deben enfrentar la difícil situación de no poder cubrir todas las necesidades.
“Nosotros damos todos los días el desayuno la merienda y la cena. Establecimos esta estrategia porque veíamos que cada vez iba más gente a comer a las recorridas, y muchos nos planteaban que no probaban nada durante todo el día”, remarcó Albornoz. Y añadió: “Hay gente que viene de distintos barrios, hay gente que se camina 30, 40 cuadras para para buscar un táper de comida por una plaza. Y lo más crítico que ha pasado es cuando los voluntarios se quedan sin comida y, en ese momento, tener que elegir quién come. Ese es el momento más crítico”, subrayó.
Perfil de las personas asistidas
El universo de personas asistidas es diverso: incluye hombres, mujeres, adultos mayores y niños. Se contabilizan entre 60 y 65 niños asistidos regularmente, para quienes se realiza un censo específico con el fin de acompañar su escolarización, documentación y salud.
Muchos adultos mayores y jubilados, especialmente del centro de la ciudad, recurren a los comedores para garantizar al menos una comida diaria.
Acompañamiento de la comunidad
Albornoz, además, señaló que en materia de colaboraciones para mantener esta labor solidaria “el fuerte nuestro es el acompañamiento de la comunidad que sostiene toda la estructura, los espacios de infancia, acompañamiento escolar, las clínicas deportivas y todo lo que es asistencia”, explicó
“Suma de Voluntades sale cuatro veces a dar de comer, el municipio dos, y Cielo Nuevo, que es otra organización, sale una vez a la semana. Hay un trabajo en conjunto. Y con respecto a la Provincia, ellos nos dan unos bolsones. Los bolsones no los usamos para la comida, sino que le pagamos a las madres que son de los barrios con un bolsón. Pero siempre estamos en deuda porque hacen un trabajo increíble de acompañamiento en estos dispositivos, que no hay que minimizarlos porque son espacios de prevención. Ahí las madres pueden percibir si un niño llega mal al dispositivo, si no está yendo a la escuela, si fue golpeado. Entonces, son importantes estos espacios en los barrios. No es solamente dar la comida”.
– ¿Ver gente en los contenedores de basura buscando comida se ha naturalizado? ¿Hay una mirada menos empática con esa situación o la sociedad sigue teniendo eso como una prioridad para poder ayudar?
– Creo que seguimos ganando los que queremos que el otro importa. Sí, obviamente, escucho comentarios, leo comentarios, como si los pobres tienen la culpa de todo, pero seguimos ganando los que creemos en el otro.
Así que, la verdad, me quiero quedar con eso. La situación es crítica, y duele, y nos tiene que seguir doliendo, porque no no se puede naturalizar la crueldad. La verdad que es cruel ver un niño comer de la basura.
Anabella Albornoz, referente de Suma de Voluntades