De la industria al enclave: El pronóstico de Joaquín Lucero sobre el futuro laboral argentino

El economista de Vector Regional consultora Joaquín Lucero analiza las piezas del rompecabezas económico actual y advierte que, si el modelo de Javier Milei se consolida, Argentina corre el riesgo de transformarse en una economía de enclave, con baja inflación pero una informalidad laboral creciente y una industria debilitada.

Desde la llegada de la nueva gestión a fines de 2023, el debate sobre el rumbo del país se ha centrado en la velocidad de los cambios y la profundidad del ajuste. Para Joaquín Lucero, economista y asesor de la Asamblea de la Pequeña y Mediana Empresa (Apyme), no estamos solo ante un plan de estabilización, sino ante un «posible cambio estructural» que «redefine quiénes ganan y quiénes pierden» en este nuevo escenario.

Según su visión, el esquema actual se sostiene sobre cinco pilares muy claros que el Gobierno ha mantenido desde el primer día. El primero es el equilibrio fiscal como objetivo innegociable. A esto se suma un sesgo monetario restrictivo donde se controla la cantidad de dinero para evitar la emisión, mientras que el tercer elemento es la apreciación del tipo de cambio real, es decir, un dólar que se vuelve progresivamente más barato frente a la inflación.

Los últimos dos puntos del esquema son la apertura comercial y la desregulación, junto a una ausencia total de políticas sectoriales. Lucero señala que, para los funcionarios actuales, la mejor política industrial «es la que no existe, dejando que los incentivos macroeconómicos dicten el destino de cada actividad sin intervención estatal».

Al poner la lupa sobre los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), surge un mapa de ganadores y perdedores muy marcado. En el podio de los beneficiados aparecen el sector agropecuario, el sistema financiero y, con mucha fuerza, el sector energético, que incluye a la minería y los hidrocarburos.

También se registra un comportamiento positivo en hoteles y restaurantes, aunque Lucero aclara que este crecimiento está muy vinculado al auge de las plataformas de delivery, según especificó Lucero en el programa En el Dos Mil También. «En la otra cara de la moneda se encuentran los grandes derrotados, la construcción», fulminada por el parate de la obra pública, «la pesca, la industria manufacturera y el sector comercial».

La preocupación central del informe presentado por Lucero es «qué sucede cuando los sectores que crecen tienen una relación débil» con el resto de la economía. A través de técnicas de análisis de insumo producto, pudo ver cómo una fábrica de autos, por ejemplo, «tracciona a proveedores de metal, vidrio, plástico y cuero». Sin embargo, los sectores que hoy lideran la economía, como la minería o la energía, funcionan «muchas veces como enclaves», apuntó.

Esto significa que tienen una baja capacidad de arrastre sobre otras actividades y, fundamentalmente, generan muy poca mano de obra de manera directa e indirecta. «Si este modelo se prolonga en el tiempo, la estructura productiva argentina sufrirá una metamorfosis profunda», acotó.

El economista advirtió que el país podría terminar pareciéndose a «Chile, Perú o Colombia», con economías que «han logrado estabilidad macroeconómica y baja inflación», pero que están «fuertemente ancladas en la exportación de recursos naturales» y conviven con niveles de informalidad laboral «muy elevados». En ese espejo, la industria nacional «perdería su rol central y el mercado de trabajo sufriría una degradación estructural», mencionó.

El impacto en el empleo «ya se siente», aunque las estadísticas de desempleo «no muestren todavía» un salto alarmante, reconoció. Lucero explicó que el mercado laboral no está ajustando por cantidad de puestos, sino por calidad.

«Lo que se observa es una destrucción masiva de empleo registrado en la industria y la construcción», explicó, pero esos trabajadores «no quedan necesariamente en la calle», sino que se desplazan hacia la informalidad o el autoempleo en plataformas de baja productividad, como Uber o Pedido Ya. «El resultado es un trabajador con menos derechos, un salario más bajo y una nula estabilidad», lo que termina por «dinamitar el consumo interno».

Respecto a las promesas de reactivación a través del crédito o la reforma laboral, el análisis de Lucero fue escéptico. Aunque el sector financiero es uno de los ganadores, las tasas de interés siguen siendo demasiado altas para las familias y las pymes. La morosidad está creciendo y el consumo financiado difícilmente sea la palanca que mueva la economía en el corto plazo.

Hubo un momento, durante el transcurso de 2024, donde el crédito pareció ofrecer una salida rápida tras la fuerte devaluación de diciembre. En ese «veranito» se registraron picos en el patentamiento de autos y una demanda sostenida de electrodomésticos de la llamada línea blanca.

Sin embargo, Lucero explicó que el posterior endurecimiento monetario y la suba de tasas terminaron por abortar esa recuperación, dejando la actividad en niveles similares a los de principios de año. La situación actual «es todavía más compleja» debido a que, según datos del Banco Central, la morosidad de las familias «está en aumento», puntualizó.

Por eso, con hogares «endeudados y tasas por las nubes», el consumo financiado «ha dejado de ser la palanca que el Gobierno esperaba para reactivar el mercado doméstico».

Por otro lado, cuestionó la idea de que una reforma laboral por sí sola generará empleo por la «lógica más simple de cualquier empresario: nadie contrata a alguien solo porque sea barato, sino porque tiene una demanda que cubrir y necesita producir más». El Gobierno de Milei apuesta todo a la inversión extranjera y a las exportaciones de sectores primarios, pero el costo social de ese tránsito «es una presión constante sobre el salario y una precarización del nivel de vida», explicó.

Lucero concluyó que, si bien la economía podría volver a crecer en 2025, será un crecimiento «atenuado y desigual», que beneficiará a los sectores exportadores pero «dejará un tendal de trabajadores en la informalidad». El riesgo latente es que Argentina «logre vencer a la inflación al precio de desmantelar su tejido industrial y social», convirtiéndose en una economía «estable para los mercados pero precaria para sus habitantes».

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