De la Ciencia a la Acción, una jornada para visibilizar la investigación en ciencias del comportamiento
La Asociación Argentina de Ciencias del Comportamiento (AACC) y la UCA Paraná organizan una jornada abierta para visibilizar las líneas de investigación en ciencias del comportamiento que desarrollan sus socias y socios en distintos puntos del país.
La jornada se realizará este viernes 18, de 15 a 18, en el Aula Magna de la Facultad Teresa de Ávila (Buenos Aires 239). Es de carácter presencial, libre y gratuito, con inscripción previa mediante el Instagram de la asociación y un formulario de Google; quienes completen el registro podrán obtener un certificado.
La jornada busca acercar a la comunidad universitaria y a profesionales vinculados con las ciencias del comportamiento, y contará con expositores de Río Negro, Misiones, Mar del Plata, Rosario y Buenos Aires.
El licenciado Santiago Resett, doctor en Psicología, científico e investigador del Conicet, señaló que el comportamiento humano puede estudiarse científicamente y constituye el objeto de las ciencias del comportamiento, un campo interdisciplinario que integra psicología, neurociencias, economía, marketing y ciencia de datos. “Estas disciplinas analizan, miden y buscan comprender por qué las personas actúan de determinada manera, además de identificar formas de modificar o influir en sus conductas”, agregó Resett durante una entrevista con el programa Ruido de Mate, que conducen Andrea Venturini, Marcelo Medina, Martín Echagüe y Julio Galera por Radio Costa Paraná (88.1).
El encuentro de especialistas en Paraná abordará precisamente estas cuestiones.
Factores que moldean la conducta
La conducta surge de la interacción entre características individuales y ambiente. Entre los factores individuales se encuentran la genética, la biología y el temperamento, entendido como la reactividad emocional y la manera de adaptarse a los estímulos. El temperamento puede observarse desde la primera infancia, aunque no determina por sí solo el comportamiento futuro.
La crianza, la educación, los amigos, las redes sociales y la sociedad moldean y potencian esas disposiciones. Según la perspectiva de Kurt Lewin, el comportamiento es una función de la interacción entre individuo y ambiente. Por eso, “la influencia de un docente, por ejemplo, depende de las características y disposición del estudiante, del grupo, del propio docente y de las condiciones concretas de la situación; ningún factor actúa de manera aislada ni produce necesariamente el mismo efecto en todas las personas”, enfatizó.
La influencia ambiental, en tanto, “puede analizarse mediante microsistemas, como la familia, la escuela, el trabajo, los amigos o la radio, y macrosistemas, como el contexto social, cultural y nacional. Todos los ambientes inciden, pero su impacto varía según el sujeto y la interacción que se establece”.
Tecnología, pantallas y conducta
Las tecnologías actuales constituyen un ambiente educativo y social que puede influir positiva o negativamente en personas de todas las edades. A diferencia de medios anteriores, como la televisión o la radio, las redes sociales y la inteligencia artificial son interactivas, dinámicas y capaces de adaptar el contenido mediante algoritmos.
“La exposición precoz y excesiva de niños pequeños a pantallas puede quitar tiempo de juego y de interacción con adultos, con posibles efectos posteriores sobre la fluidez verbal, el vocabulario y la creatividad. El problema no es únicamente la existencia de la tecnología, sino su uso sin límites ni supervisión de la familia y la escuela”, advirtió Resett.
El llamado brainrot describe el consumo compulsivo de contenidos breves, abundantes y de baja calidad, como videos cortos reproducidos durante horas. Los algoritmos combinan contenidos atractivos con otros inesperados mediante refuerzos intermitentes, un mecanismo comparable al utilizado en los juegos de azar y capaz de sostener la atención y la dependencia.
Adicción tecnológica
Aunque no interviene una sustancia química, el uso excesivo puede presentar rasgos propios de una adicción: dependencia, abstinencia, aumento progresivo del tiempo necesario para obtener satisfacción y malestar cuando se intenta interrumpirlo. En niños, retirar el dispositivo puede provocar berrinches intensos; en adolescentes y adultos, la búsqueda de aprobación digital puede afectar el estado de ánimo, generar frustración o depresión por la falta de “likes” y desplazar los vínculos presenciales.
“La familia debe reconocer estos riesgos y establecer acompañamiento, límites y formas alternativas de juego, comunicación y afecto, en lugar de dejar que el dispositivo reemplace la atención y el contacto humano”, subrayó el profesional.
Santiago Resett, doctor en Psicología y licenciado en Ciencias de la Educación.