Concordia, entre el aumento del consumo de drogas y la falta de empleo
El cura Néstor Toller habló de la necesidad de abordar estos problemas desde distintas perspectivas y la importancia de la comunidad en la lucha contra el narcotráfico. Se trabaja en talleres de capacitación y se busca mantener la esperanza en medio de la adversidad.
La situación social en Concordia es, desde hace muchos años, extremadamente compleja, y, en los últimos tiempos, además, se profundizó ante el avance del narcotráfico y la falta de oportunidades laborales, que acentúan aquella problemática.
El sacerdote Néstor Toller, párroco de la iglesia Nuestra Señora del Valle, de Concordia, en este marco, alzó su voz para alertar sobre las conseceucnias que piede derivarse de este tema si no se actúa a tiempo. Advirtió, asimismo, sobre el impacto de este invierno en la gente en situación de calle.
La realidad, señaló el sacerdote, “es tan compleja que hay que abordarla desde distintas miradas” y “a mí, por lo menos, me golpea me golpea muy fuerte porque vivo en un barrio y porque estamos comprometidos. No estoy hablando de alguien que me contó lo que sale en los diarios, en los medios, sino que acá nosotros estamos poniendo la vida en la en la parroquia” que abarca 17 barrios de Concordia.
“Estamos viendo, y nadie lo puede ignorar, es que el consumo de droga sigue creciendo, va muy lento, pero siegue creciendo en todos los ámbitos de la sociedad”, subrayó.
“Pero lo que se va viendo es que ahora, los que ya hace 10 años que están consumiendo, están consumiendo cualquier cosa, lo que venga. Están en situación de calle y ya tienen la cabeza quemada, como suele decirse, y quedan durmiendo en la puerta de la iglesia”, contó Toller. Y agregó: “A mí me sorprendió estos días, que llovió todo el día y toda la noche, durmieron toda la noche y todo el día sin comer. Entonces decía, ¿cómo nos preocupamos? No podemos esperar a que suceda cuando podemos prevenir”
En Concordia, comentó Toller, “recién ahora, esta semana, la gente empezó otra vez a volver al citrus, viajan a las 4 de la mañana para ir a trabajar a Chajarí, a Monte Caseros, que son cien kilómetros en colectivos de línea, porque no lop hacían desde noviembre o diciembre. Entonces, ¿todo esto qué hizo? Y que la gente vuelva al quiosquito, pero el quiosquito para vender drogas, porque es lo único que tiene salida y de lo que viven”, y aclaró que “no lo estoy justificando, está mal, pero es la realidad”.
– ¿Qué percibe usted del ánimo de las personas de su comunidad? ¿Esperanza, decepción, tristeza?
– Están como alguien que está enfermo. Son 20 o 30 años de vivir de una manera sometida, esperando que les lleven algo. Nosotros, desde la parroquia, casi no damos nada, a no ser alguna urgencia, o a estos chicos en situación de calle que le damos algo de comida a la noche.
Hay que buscar otras soluciones. Tenemos talleres, con los cuales se está trabajando de una manera totalmente distinta, a 10/15 años a diez, quince años, porque hay que animarse a trabajar en ello. Y en esto otro es sostener.
La gente que vivimos en la comunidad, tenemos muy fuerte la espiritualidad. Es decir, el saber que hay alguien que le da sentido a tu vida y que le da sentido a esta entrega, porque lo hacemos todo ad honorem.
Buscamos estar muy presentes en los barrios y en cada uno tratamos de tener un pequeño centro de vida comunitaria, pero estamos bastante solos todavía.
Néstor Toller, párroco de la iglesia Nuestra Señora del Valle, de Concordia.