Alerta en Paraná: más de 50 viviendas en riesgo inminente por desbarrancamientos
La capital entrerriana atraviesa un momento crítico en términos de infraestructura y vulnerabilidad social. Según un relevamiento técnico realizado por la Municipalidad de Paraná, más de 50 viviendas se encuentran en «alerta rojo» ante el peligro de desbarrancamiento, mientras que otras 20 presentan un riesgo latente
El arquitecto Eduardo Loréfice, secretario de Planificación e Infraestructura municipal, detalló que la mayoría de estos hogares se ubican en las márgenes de los arroyos Antoñico, La Santiagueña y Colorado y corren el riesgo de colapsar ante temporales fuertes o crecidas extraordinarias, similares a la trágica tormenta del pasado 19 de febrero.
Aunque el foco estuvo en las cuencas, Loréfice mencionó que el riesgo de derrumbe no es exclusivo de los arroyos. Citó casos específicos como la calle Estrada, el Parque Urquiza y la zona de la Toma Vieja, donde existen sectores de barranca afectados por desprendimientos que no están ligados a cursos de agua
Sin embargo, el funcionario fue enfático al explicar que la solución «excede» las capacidades de la gestión de la capital.
«La complejidad que tiene abarca al Estado provincial y al Estado nacional; nosotros no tenemos la policía, por ejemplo, para hacer el retiro de las viviendas y relocalizar la gente», advirtió, señalando que se requiere de financiamiento nacional y la intervención de organismos como el IAPV para dar una respuesta habitacional real.
Uno de los factores que agrava las inundaciones y los desplazamientos es la acumulación de residuos en los cauces. Tras los últimos temporales, las tareas de limpieza han revelado cifras alarmantes. Loréfice relató que en las cuencas del arroyo Las Viejas y el Colorado, donde se instalaron rejas trampas, el trabajo es incesante. «Se han llegado a sacar hasta 10 camiones de basura después de una lluvia», afirmó el funcionario.
Incluso en sectores sistematizados como el Antoñico, se debieron colocar barreras específicas para captar plásticos flotantes. Solo de ese punto se retiran habitualmente entre cuatro y cinco camiones cargados de botellas después de cada evento climático fuerte.
Esta basura, sumada a los sedimentos naturales, genera taponamientos en alcantarillas y puentes, impidiendo que el agua escurra y aumentando la presión sobre las márgenes ya inestables.
La desigualdad en la barranca
El riesgo en Paraná no golpea a todos por igual. Loréfice reconoció que, aunque existen sectores de barranca afectados en zonas residenciales como el Parque Urquiza, la situación allí rara vez llega al nivel de «alerta roja».
La diferencia radica en la capacidad económica: «Probablemente no estén en alerta roja porque hay más capacidad de inversión para hacer una contención a tiempo y evitar que se agraven algunas situaciones», reflexionó el arquitecto.
En contraste, las familias de menores recursos terminan ocupando «espacios residuales» o terrenos de relleno no compactados, donde la tierra es extremadamente sensible a la humedad.
También apuntó a la precariedad de estas viviendas que no se limita a los materiales de construcción, que varían desde chapas hasta ladrillos tradicionales, sino fundamentalmente a su localización.
Para el funcionario, este fenómeno es el resultado de un crecimiento poblacional que la ciudad no ha podido absorber. «Como capital de provincia tenemos migraciones internas; en 50 años hemos más que duplicado la cantidad de habitantes», explicó, señalando que hoy no existen planes de vivienda activos para detener este proceso.
Sobre el debate de entubar o dejar los arroyos a cielo abierto, Loréfice sostuvo que no hay recetas únicas, aunque prefiere intervenciones «amigables» como los gaviones que permiten que la tierra drene su humedad. No obstante, admitió que en una ciudad que necesita conectividad, los entubamientos son a veces inevitables para que circulen colectivos y vehículos.
Finalmente, el secretario hizo un llamado a no naturalizar la falta de inversión: «La desinversión en infraestructura no favorece a nadie; solo es una postergación que hasta puede tener consecuencias muy serias».
El desafío, concluyó, es lograr una «coordinación estricta» entre los tres niveles del Estado para «frenar la ocupación de zonas de riesgo» y ofrecer seguridad a los ciudadanos más vulnerables.
El secretario de Planificación e Infraestructura Eduardo Loréfice