A 28 años del suicidio de Yabrán, el periodista que dio la primicia relató cómo fueron los hechos
Manuel Lazo, durante una entrevista con el programa Ruido de Mate, de Radio Costa Paraná, habló de lo que sucedió el 20 de mayo de 1998 cuando el empresario más buscado del país decidió matarse. ¿Cómo se enteró y por qué no le sacó fotos al cadáver?
Hace exactamente 28 años, el 20 de mayo de 1998, a la siesta, se difundió la noticia de que Alfredo Enrique Nallib Yabrán había sido encontrado muerto en Entre Ríos. Tenía 53 años y era el hombre más buscado de la Argentina dado que se lo sindicaba como el autor intelectual del asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas, un hecho que había conmocionado al país.
El encargado de dar la primicia fue Manuel “Paco” Lazo, el periodista gualeyo de extensa trayectoria y actual director de Radio Costa Paraná (88.1).
El contexto
El asesinato de Cabezas, el 25 de enero de 1997, fue un hecho de gran impacto en Argentina, movilizó tanto a la prensa como a la sociedad en general y generó demandas masivas de justicia. Cabezas había fotografiado por primera vez al empresario Yabrán, figura central en el poder económico y político del país, lo que lo expuso públicamente.
Un año después, el 20 de mayo de 1998, Yabrán, acusado de liderar una mafia enquistada en el Estado y vinculado al asesinato de Cabezas, se suicidó en la estancia San Ignacio, en nuestra provincia. Este hecho generó una ola de mitos y teorías en torno a su muerte y su figura.
La cobertura periodística
Lazo, durante una entrevista con el programa Ruido de Mate, que conducen Andrea Venturini, Marcelo Medina, Martín Echagüe y Julio Galera, dio detalles de lo sucedido aquel día, y remarcó que “lo que yo más recuerdo es la noche previa porque se suponía que Yabrán ya estaba en la estancia San Ignacio desde el día anterior” dado que el juez de Dolores (José Luis Macchi), que había pedido su captura, mandaba a allanar lugares donde era improbable que Yabrán estuviera, y, en realidad, estaba hacía 10 días en el mismo lugar en el que después suicidó (la estancia ubicada en Aldea San Antonio)”.
“En Aldea de San Antonio, que es un pueblo muy chico, ya se sabía que Alfredo Yabrán estaba ahí y esa noche previa, con un colega de LT 41 que trabajaba conmigo, ingresamos al campo y anduvimos toda la noche porque teníamos que comprobar que hubiera luz en la estancia”.
Al otro día, Lazo logró confirmar que Yabrán se encontraba en la estancia porque pudo captar la frecuencia policial con un equipo de radio VHF, escuchando en tiempo real la confirmación del suicidio de Yabrán en el baño de la estancia, justo cuando la Policía intentaba ingresar. “Logro escanear la frecuencia policial y escucho que dicen que la llamen a la jueza porque Yabrán se había pegado un tiro en el cuarto de baño”, contó.
Yabrán estaba acompañado por su empleado Aristimuño, la esposa de éste y un custodio. La Policía rodeó la casa e intentó persuadirlo para que se entregara, pero Yabrán, reacio a ser capturado y expuesto públicamente, se suicidó con una escopeta justo antes de que los efectivos policiales irrumpieran.
Posteriormente surgieron dudas y mitos sobre la autenticidad de su muerte, alimentados por la falta de imágenes del cadáver y la creencia de que, dada su influencia, podría haber simulado su muerte.
A propósito, Lazo cree que el mito de que Yabrán no se había matado surgió “del querido (periodista) Hernán Brienza –que junto a Facundo Pastor estuvieron con él en el lugar–. Brienza, que ya trabajaba en Perfil, se fue a Gualeguaychú con la seguridad de que iba a demostrar que ése no era Yabrán, porque, inspirado por un narco que en México se había prendido fuego, creía que esto era una historia similar. El axioma de Yabrán, que el poder era impunidad, lo conducía a pensar que el muerto no podía ser Yabrán”.
El poder de Yabrán
Yabrán construyó su poder a través del control de sectores estratégicos del Estado, especialmente la aduana, tanto durante la dictadura como en la democracia. Su influencia se basaba en el manejo de lo que entraba y salía del país, lo que le otorgaba un poder superior incluso al de los presidentes.
Era conocido por su bajo perfil, su habilidad para los negocios y su generosidad con allegados. Sin embargo, también recurría a prácticas mafiosas, como la intimidación y el sabotaje a competidores.
Yabrán había sido denunciado públicamente a mediados de los ’90 por el entonces ministro Domingo Cavallo en el Congreso, acusado de liderar una mafia estatal. Mantenía vínculos estrechos con sectores de la policía bonaerense, que formaban parte de su entorno y operaban como fuerza de choque.
El cadáver
Lazo, junto a Brienza y Pastor, logró ver el cadáver de Yabrán cuando lo limpiaban en la funeraria La Previsora, de Gualeguaychú. “Facundo (Pastor) lo miró y se descompuso, se fue a un rincón e hizo planteo ético de si lo que estábamos haciendo era correcto. Y Hernán (Brienza), que como decía al principio, había ido a demostrar que no era Yabrán, quería ver hasta la cicatriz de la cirugía de peritonitis que tenía. Corrió un papel que cubría el cuerpo hasta que vio eso”, contó.
La escopeta 1270, con la que Yabrán se mató, “lo que hizo fue romper toda la estructura ósea del rostro de él, y, en consecuencia, la cara le quedó hinchada, como con una máscara de látex. Pero no estaba irreconocible. Era Yabrán. Vos lo mirabas y era Yabrán”, aseguró Lazo.
Y agregó: “Estábamos ahí cuando llega uno de los hermanos de Yabrán, y dice a voz en vos en cuello ‘yo quiero encontrar un periodista acá adentro porque le pego un tiro’. Estaba un policía adentro y nos dice ‘arriba hay un altillo, pueden esconderse ahí’. Arriba efectivamente había un altillo lleno de cajones, y yo temblaba porque mis hijos eran muy chiquititos, y había cajones de niños. Cerraba los ojos porque no quería ver, pese a que era poco el hilo de luz que ingresaba ahí. Fue una madrugada larguísima…”.
Un hecho único
Para Lazo haber sido protagonista central de ese hecho periodístico fue “único, irrepetible, histórico, y nunca,, jamás lo volví a sentir. Ni creo que vuelva a sentirlo. Ser protagonista de un hecho de tanta repercusión, no solamente a nivel nacional sino a nivel internacional, te marca. Y después conviví, especialmente por la muerte del hijo de Carlos Menem, con el síndrome del testigo. Yo sentía que me seguían hasta los árboles”.
Después de aquel suceso, Lazo dejó el campo donde vivía, que era lindero con la estancia de Yabrán. “Me fui, me dieron seguridad un tiempo con Gendarmería pero igual no me sentía seguro, tenía miedo. Miento si digo que alguna vez a mí me amenazó alguien, nadie me amenazó, no gozo de la simpatía de la familia, naturalmente, pero mi deber era el que cumplí”.
Lazo, por último, remarcó que “si hay algo que a la jueza (Graciela Pross Laporte) hay que reconocerle es que no dejó que se le fugara ninguna de las fotos, ninguna. Y cuando yo estaba con el cuerpo de Yabrán al lado mío, tenía una máquina fotográfica colgada, y ni en cuenta lo tuve. Soy muy católico, soy una persona de mucha fe, y creo que Dios me dijo, ‘no dispares esa máquina porque te va a costar la vida’”.
Manuel "Paco" Lazo, periodista.